Migración y (hacia) la robotización de la economía

Migración y (hacia) la robotización de la economía

15/02/2013 | FxM – Hugo Vázquez

La migración, uno de los tres pilares de la globalización (el flujo de 1. mercancías, 2. dinero y 3. personas), es el que más restricciones tiene todavía debido al factor sicológico que conlleva la presencia física de un ser que suele ser diferente en apariencia y costumbres.

A lo largo de la historia, el ser humano ha sido migrante por naturaleza, necesidad y/o espíritu de aventura. Es hasta el siglo XX cuando la migración dejó de implicar invasión y conquista, y se convirtió en búsqueda de un mejor nivel de vida, buscando la integración a un mercado laboral con mejores condiciones y retribuciones, así como la posibilidad de alcanzar un nivel de vida superior para el migrante y su familia.

La mayor parte del flujo migratorio en los últimos 100 años ha consistido en personas poco cualificadas que salen de países menos desarrollados hacia los más desarrollados. Lentamente esto ha empezado a cambiar, la migración sur-sur (entre países subdesarrollados) ha superado en cantidad a la sur-norte (de países subdesarrollados a países desarrollados) (“Migration and Remittances Factbook 2011”, El Banco Mundial), y la creciente automatización de la economía, que hace menos necesaria la mano de obra poco cualificada, tanto en la agricultura como en la industria, hacen previsible un vuelco en el fenómeno de la migración.

El avance tecnológico está creando situaciones contraproducentes. Por ejemplo, permite “sellar” la frontera de EE. UU. con México a través de la vigilancia con drones, pero la mecanización de la agricultura todavía no alcanza niveles de calidad suficientes para reemplazar ciertas actividades altamente manuales, que son fuente de empleo para los migrantes. Estos son insuficientes para cubrir la demanda, lo que ha desatado una “guerra” de salarios para conservar a los jornaleros; lo que lleva a los agricultores a pedir a Obama una reforma migratoria que les permita seguir contando con mano de obra económica. En el otro lado del espectro, las empresas de alta tecnología también piden flexibilidad para otorgar visas para trabajadores altamente cualificados. Problemas similares en cuanto a satisfacer la demanda de trabajadores con personal extranjero suceden en Singapur, Canadá, Australia y algunos países europeos. Aunque reducido en número, existe el fenómeno migratorio por empleo entre países nórdicos, y entre los de la Unión Europea.

Siendo cuantitativamente poco relevante la llamada “fuga de cerebros”, no por ser pequeña en número deja de tener impacto el vacío dejado en el país de origen; aunque este impacto no es necesariamente negativo del todo, al establecerse comunicación y transferencia de conocimiento entre el personal cualificado que se queda y el que emigra (Docquier y Rapoport, 2011, “Globalization, brain drain and development”, IZA).

A pesar de haber estudios que demuestran lo enriquecedor que puede ser para un país recibir migrantes, sigue siendo un tema polémico, sobre todo cuando no se integran culturalmente y forman zonas visiblemente segregadas, como los turcos musulmanes en Alemania; se puede pensar que la llegada de trabajadores que compiten con la mano de obra local puede deprimir los salarios, pero según la OCDE (Docquier, Özden y Peri, 2010: “The Wage Effects of Immigration and Emigration”) hay un efecto positivo en los salarios promedio; y específicamente en el sector de informática -altamente cualificado- el país receptor obtiene una ventaja competitiva (Carl Lin, 2011: “Give me your wired and your highly skilled: measuring the impact of immigration policy on employers and shareholders”); siendo ya paradigmático el caso de Silicon Valley, donde más de la mitad de las Start-ups son fundadas por inmigrantes, y en compañías ya establecidas en los sectores de biociencias, software, comunicaciones y semiconductores, el porcentaje de las que han sido fundadas por inmigrantes va del 20% al 35%.

Como resultado secundario del fenómeno migratorio, pero de gran valor económico para el país emisor, está el envío de dinero al país de origen y el incremento del comercio entre el país receptor y el emisor de los migrantes. Las remesas anuales que reciben los 4 principales países receptores (China, India, México y Filipinas) alcanzan los 160 mil millones de dólares (de un total global de 372 mil millones en 2011, “Migration and development brief #18”, El Banco Mundial, abril 23 de 2012), y para algunos países pequeños estos ingresos llegan a representar hasta un 30% de su PIB. Según HSBC Global Connections, “The immigrant effect”, un incremento del 1% en la población inmigrante está asociado con un incremento del 0,11% en exportaciones al país de origen.

Como es lógico, la llegada a una economía de un nuevo producto, inversión o persona, amplía el arco de opciones disponibles, desplaza a las de menor calidad, y tiene como resultado final una mejora a la economía en su conjunto; una forma de “destrucción creativa” de Schumpeter. En el caso específico de un inmigrante, su llegada aumenta el consumo de bienes y servicios, al trabajar y consumir aumenta los impuestos que recibe el estado, lo que en conjunto estimula a la economía; y cuando es gente muy cualificada y emprendedora su aportación tiene un efecto multiplicador.

Fuera del área económica, suelen ser los hijos de los migrantes, la segunda generación, la que ya habiéndose formado por completo en el país receptor, se integra al campo político y puede llegar a ocupar puestos de la máxima responsabilidad (Obama, Sarkozy, los Miliband, por citar tres ejemplos). En las artes y la educación suele ser relativamente más fácil la integración, son innumerables los científicos, actores, escritores y músicos que han enriquecido la cultura del país receptor.

Quizás sea pronto para detectar cambios notables y permanentes en los flujos migratorios, pero con la constante introducción de innovaciones tecnológicas en la economía se produce cada vez más con menos empleados; la capacidad desestabilizadora de la tecnología en el mercado laboral todavía no es comprendida, a pesar de que hay trabajos que casi han desaparecido al ser automatizados (sustituidos por robots u ordenadores).

Es probable que poco a poco se minimice la migración poco cualificada (al reducirse sus opciones de trabajo debido a la automatización en la industria, la agricultura y el hogar), quedando sólo los campos de la ciencia, la educación y las artes los que sigan siendo receptivos a los migrantes.

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