No puedes correr con las máquinas

16/04/2014 | Vivek Haldar

Leí recientemente “The Second Machine Age” escrito por Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee. Los puntos principales que toca el libro – que la tecnología de la información y la digitalización son exponenciales, que la automatización rápidamente se expande hacia tareas cognitivas que hasta hace poco se pensaba solo podían realizar los humanos, que la economía digital mundial premia a los ganadores y deja al resto de los competidores mordiendo el polvo – son ahora bien conocidos, pero los autores los han unido de tal manera que este libro es un buen sitio donde leer acerca de todos ellos.

Especialmente tenía ganas de leer el capítulo titulado “Corriendo con las máquinas: recomendaciones para los individuos”, en el cual sugieren qué tipo de trabajo se dejará para que lo realicen los humanos, y qué habilidades deberíamos probar y desarrollar para estar por delante de la automatización. Realmente quería saber si ellos habían conseguido descubrir cómo es que todos tendremos un trabajo remunerado. Y me decepcioné.

Los autores revisaron intentos anteriores de Levy y Murnane para predecir los límites sobre qué actividades seguirían requiriendo humanos. Decían que los ordenadores son buenos para seguir reglas y malos para reconocer patrones, dando como ejemplo el conducir un coche como algo demasiado cognitivo y sensorialmente complejo como para ser automatizado. Como dicen los autores: “demasiado para esa diferenciación”. Entonces siguen de frente y hacen su predicción sobre la siguiente frontera que los ordenadores serán incapaces de cruzar:

Nuestra recomendación acerca de cómo la gente puede continuar siendo valorada como trabajador del conocimiento en la nueva era de la máquina es directa: trabajar para mejorar las habilidades de creación de ideas, reconocimiento de patrones muy amplios, y comunicaciones complejas en lugar de solo las tres habilidades básicas (leer, escribir y realizar operaciones matemáticas). Y cuando sea posible, aprovechar los ambientes de aprendizaje auto organizados, que tienen un historial de poder desarrollar estas habilidades en la gente.

El mayor problema con esta sugerencia es que se aplica a lo que hay, y no a lo que habrá.

El ejemplo que más utilizan es el del ajedrez freestyle donde equipos de humanos y programas de ajedrez compiten unos contra otros (de ahí el título del capítulo). Resulta que la combinación de un programa de ajedrez guiado por un humano es más poderosa que cualquiera de ellos individualmente. El ajedrez freestyle también es el ejemplo principal en el último libro de Tyler Cowen. A diferencia de Brynjolfsson y McAfee, Cowen se pregunta si solo es una fase de transición, y si al final los humanos no agregan valor alguno a este equipo.

Su recomendación acerca de la “creación de ideas” y “reconocimiento de patrones muy amplios” no es suficientemente concreta. ¿Qué es lo que significaría esto para alguien que actualmente tiene que elegir una carrera universitaria? Y más importante aún, ¿Podemos estar seguros que esas actividades permanecerán fuera del rango de la automatización cuando se gradúen?

El debate acerca de si el pensamiento humano es informatizable está abierto todavía, pero la amplia mayoría de la actividad cognitiva del ser humano no ocurre ni cercanamente a ese umbral. Con una ironía similar al corte diagonal, quizás las únicas personas inmunes a la automatización son los matemáticos que prueban los límites de lo que es informatizable, y cómo (lo es).

Pero cada uno de nosotros tiene que preguntarse si, durante nuestra vida, nuestros empleos serán automatizados. Mi medio de vida es la programación, y mientras una buena parte de lo que hago es un reto intelectual, otra parte me hace sentir como un simple operario.

Muchos escritores de cuestiones no técnicas piensan que al perder Kasparov ante Big Blue se marcó un hito en la Inteligencia Artificial, pero llegar a esta victoria solo requirió alcanzar el punto de la ley de Moore donde ya había suficiente capacidad para resolver un juego exponencialmente complejo como el ajedrez. Un umbral más significativo sería cuando la comprensión pueda ser informatizada. Por ejemplo, ¿podría un ordenador proponer un algoritmo con la elegante sencillez de Quicksort?

“Correr con las máquinas” es cuando mucho una estrategia temporal. Es solo una estación intermedia entre los humanos haciendo algo y que esto sea totalmente automatizado. Una frase más acertada sería “controlado por las máquinas”, porque la mano de obra barata es conseguida de manera colectiva para los tipos de problemas que están (por ahora) fuera del alcance de los ordenadores.

Veo dos estrategias para estar por delante de la automatización:

La primera es ser el que esté llevando a cabo la automatización. En otras palabras, ser un programador. (Aviso: por supuesto que yo iba a decir esto, siendo yo un programador). Seré más directo, ser el cazador en lugar de la presa. El problema es que no todos son capaces o desean hacer esto.

La segunda estrategia es ser un médico de máquinas. Los grandes sistemas informáticos muestran un comportamiento orgánico, y atenderlos a menudo requiere la misma mentalidad y comportamiento de un médico diagnosticando y atendiendo a los pacientes. Me gustaría trazar una analogía con las ciudades. Un (relativamente) pequeño grupo de personas construye la infraestructura (tuberías, cables, caminos), pero un número mayor de gente le da mantenimiento continuamente.

Seguro que tendremos unas vidas interesantes.

Fuente: The “blog of Vivek Haldar”. Este trabajo está bajo la licencia Creative Commons Attribution 3.0 United States License. La traducción ha sido realizada por el equipo de Finanzas para Mortales.

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