Para asegurar la estabilidad, hay que tratar a las finanzas como a la comida rápida

Para asegurar la estabilidad, hay que tratar a las finanzas como a la comida rápida

22/10/2013 | John Kay – Financial Times Español

Quizás la principal confusión en la evolución de la regulación de los servicios financieros es ligar la estabilidad financiera a la supervivencia de las instituciones establecidas. Si me hubiesen dado un millón de libras esterlinas por cada vez que he escuchado que una posible reforma es desechada porque “no hubiera evitado que Northern Rock o Lehman Brothers quebraran”, ahora podría tener suficiente dinero como para rescatar un banco.

El objetivo de reformar no es prevenir que Northern Rock o Lehman quiebren. Es de lo más deseable que organizaciones como Northern Rock o Lehman quiebren.

Northern Rock tenía planes de expansión más que ambiciosos y una estrategia de negocio que se mostró fallida (aunque mucha gente pensó entonces, y con razón, que confiar en el fondeo mayorista era una fortaleza y no una debilidad).

Lehman era (mal) administrada para el beneficio de sus altos ejecutivos en lugar de para sus clientes y accionistas. En una economía de mercado, estas organizaciones quiebran cuando sus competidores con mejores modelos de negocio y administración les ganan cuota de mercado. Este proceso de selección es la explicación por la que las economías de mercado tienen un historial impresionante de promoción de la eficiencia y la innovación. El problema expuesto por la crisis de 2007-08 no fue que quebraran algunas empresas de servicios, sino que no había medios para manejar estas quiebras sin poner en peligro la totalidad del sistema financiero global.

Así, ¿No sería mejor que una apropiada supervisión asegurara que no hubiera institución financiera capaz de meterse en un berenjenal como Northern Rock o Lehman – o el Royal Bank of Scotland o Citigroup o AIG? No, no sería mejor. Solo hay que sustituir “institución financiera” por “local de comida rápida” o “supermercado” o “fabricante de coches” en esta pregunta para darse cuenta de lo peculiar que es sugerir esto.

Empecemos con lo práctico. Es tan difícil encontrar personas capacitadas para dirigir conglomerados financieros – la evanescente reputación de Jamie Dimon, director ejecutivo de JPMorgan Chase, confirma mi sospecha de que administrar estas empresas está más allá de la capacidad de cualquiera. La búsqueda de un grupo de personas que, con salarios del sector público, revise las decisiones de altos ejecutivos es un sueño que se quiebra en el momento de ver a las personas reales que realizan día a día estas labores en las agencias reguladoras. Solo revisan muy superficialmente porque es lo que pueden hacer, y las estructuras reguladoras que pueden ser exitosas son aquellas que pueden ser implementadas por revisores superficiales.

Ya hemos experimentado con estructuras en las que los comités, ya sea en Moscú o Washington, sustituyen al mercado para determinar los criterios por los cuales una organización bien administrada debe ser juzgada, y esta experiencia no es alentadora. La verdad es que en un ambiente en constante cambio nadie sabe realmente cuál es la mejor manera de administrar correctamente una organización, solo lo sabemos a través de la prueba y el error.

La estabilidad financiera será promovida de mejor manera por un sistema diseñado para ser robusto, resistente y flexible frente a la adversidad, por lo cual la implementación de mecanismos de resolución efectivos son claves para una reforma financiera significativa. Se ha progresado algo, pero en general muy poco; testamentos vitales que sean muy complejos para implementar, y menos de manera inmediata, no son la solución al problema de lo demasiado complejo para quebrar.

El torpe rescate de Chipre mostró qué tan lejos está la UE de su objetivo de tener establecido un programa resolutivo. El parlamento chipriota entendió, a pesar de que los legisladores supuestamente más sofisticados no lo hicieron, que la protección de los depósitos es el objetivo principal de la supervisión bancaria. Lo que la gente de la calle, correctamente, entiende por estabilidad financiera es la confianza de que sus ahorros están seguros.

Ahora tenemos una propuesta igualmente absurda, y en esencia similar, para fondear el rescate del quebrado mercado de derivados utilizando los avales de sus clientes. La lógica es que es más importante mantener a la institución intacta que proteger el interés de sus clientes. Pero lo contrario es lo importante. Los servicios pueden continuar (o no: la causa por la que las organizaciones comerciales quiebran es que la gente no quiere sus productos). Pero la organización en bancarrota que proporciona esos servicios no, y no debería, seguir.

Esto se aplica a los restaurantes de comida rápida y a los supermercados y plantas de fabricación de coches – y también a los servicios de electricidad, agua, y al sistema de pagos. Los servicios financieros son diferentes solamente porque el poder de estas compañías y sus lobbies es enorme.

To secure stability, treat finance and fast food alike

10/22/2013 | John Kay – Financi
al Times
English

Perhaps the most fundamental confusion in the evolution of financial services regulation is the equation of financial stability with the survival of established institutions. If I had a million pounds for every time I have heard a possible reform opposed because «it wouldn’t have prevented Northern Rock or Lehman Brothers going bust», I might now have enough money to bail out a bank.

The objective of reform is not to prevent Northern Rock or Lehman going bust. It is highly desirable that organisations such as Northern Rock or Lehman should go bust.

Northern Rock had overambitious expansion plans and a business strategy that proved flawed (although many people thought at the time, with reason, that reliance on wholesale funding was a strength rather than a weakness).

Lehman was run (badly) for the benefit of its senior employees rather than customers or shareholders. In a market economy, such organisations fail while rivals with better business models and management structures gain at their expense. That process of selection is the reason market economies have an impressive record of promoting efficiency and innovation. The problem revealed by the 2007-08 crisis was not that some financial services companies collapsed, but that there was no means of handling their failure without endangering the entire global financial system.

Still, would it not be better if proper supervision ensured that no financial institution could ever get into a mess like Northern Rock or Lehman – or Royal Bank of Scotland or Citigroup or AIG? No, it would not. Just replace «financial institution» with «fast-food outlet» or «supermarket» or «carmaker» in that sentence to see how peculiar the suggestion is.

Begin with practicality. It is hard enough to find people capable of running financial conglomerates – the fading reputation of Jamie Dimon, JPMorgan Chase chief executive, confirms my suspicion that managing these businesses is beyond the capacity of anyone. The search for a cadre of people employed on public-sector salaries to second guess executive decisions is a dream that could not survive even the briefest acquaintance with those who actually perform day-to-day supervisory tasks in regulatory agencies. They tick boxes because that is what they can do, and regulatory structures that are likely to be successful are structures that can be implemented by box tickers.

We have experience of structures in which committees in Moscow or Washington take the place of the market in determining the criteria by which a well-run organisation should be judged, and that experience is not encouraging. The truth is that in a constantly changing environment nobody really knows how organisations should best be run, and it is through trial and error that we find out.

Financial stability is best promoted by designing a system that is robust and resilient in the face of failure, which is why effective and implementable mechanisms of resolution are the key to meaningful financial reform. Some progress has been made, but overall very little; living wills too complex to implement at all, far less within hours, are no solution to the problem of too complex to fail.

The bungled Cyprus bailout showed how far the EU is from the goal of an established resolution programme. The Cypriot parliament understood, even if supposedly more sophisticated policy makers did not, that deposit protection is the primary purpose of banking supervision. What people in the streets, correctly, understand by financial stability is confidence that their savings are safe.

Now we have an equally dotty, and essentially similar, proposal to fund the bailout of failed derivatives exchanges using customers’ collateral. The explicit rationale is that it is more important to keep the institution intact than to protect the interests of its customers. But the reverse is the case. The services may go on (or not: the commonest reason commercial organisations fail is that people do not want their product). But the failed organisation that provided such services need, and should, not.

This applies to fast-food outlets and supermarkets and car plants – and also to utilities such as electricity, water, and the payment system. Financial services differ only because the lobbying power of incumbent companies is so great.

Copyright &copy «The Financial Times Limited«.
«FT» and «Financial Times» are trade marks of «The Financial Times Limited».
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of «Financial Times».
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