El pishing y otras estafas bancarias online

La reforma del Código Penal, que entró en vigor hace un año, introdujo importantes novedades sobre algunas modalidades delictivas, entre ellas el delito de estafa (artículo 248) del que hoy hablamos. La estafa bancaria se refiere a los casos en los que, una o varias personas, con ánimo de lucro, obtienen activos patrimoniales de las víctimas, valiéndose del engaño, de programas o manipulaciones informáticas o utilizando los datos bancarios ajenos. Los fraudes con tarjetas de crédito, los timos en compras realizadas por Internet o la sustracción de los datos bancarios son algunos ejemplos de estafa bancaria.

Lo hemos visto en infinidad de películas de Hollywood pero también, me viene a la memoria, en la trilogía sueca Millenium, basada en las novelas de Stieg Larsson. Los dos protagonistas principales, el periodista Mikael Blomkvist y la pirata informática Lisbeth Salander, investigan la desaparición, hace 36 años, de una chica perteneciente a una rica familia industrial. Por el camino, se topan con problemas de corrupción, tráfico sexual de mujeres, violencia de género e injusticias varias que la asocial Salander resuelve a su manera. Una de ellas, cometiendo una estafa bancaria de dimensiones millonarias.

Su papel de vengadora la convirtió en la cara del nuevo feminismo pero también en el perfil perfecto del estafador: una inteligencia fuera de lo común y experto en informática. La hacker Lisbeth Salander utilizaba un Mac para sus fechorías cibernéticas, el sistema operativo de Apple que combina muy bien con Linux que es, precisamente, el software con el que se crea la mayoría de las herramientas de intrusión digital. Así son los hackers: entran y salen de ordenadores ajenos sin que nadie se dé cuenta, utilizando para ello nicknames y programas encriptados con los que se ponen el mundo por montera.

Desgraciadamente, las estafas bancarias y quienes las cometen no son héroes de ficción. El Ministerio de Interior acaba de publicar, la primera semana de agosto, el balance de criminalidad del segundo trimestre de 2016, una recopilación de las infracciones penales registradas a nivel nacional. Según Interior, las estafas bancarias se han duplicado en España desde el año 2011, al pasar de 14.517 infracciones penales a 32.837. Esto significa que en 2015, se contabilizó un promedio de más de 2.500 casos mensuales y que el fenómeno se sitúa al alza.

Uno de los casos más llamativos se conoció el pasado mes marzo, cuando gracias a la denuncia de un banco, la policía logró detener a 28 personas por clonar más de 500 tarjetas de crédito con las que lograron defraudar más de 200.000 euros. La falsificación de las tarjetas provenían tanto del skimming -copiado de la banda magnética mediante dispositivos acoplados en cajeros o con lectores de tarjetas en comercios conniventes- como del hackeo a usuarios de banca online. Con estos métodos obtenían los números de las cuentas bancarias y las claves de las tarjetas de crédito. La banda, rumana, operaba en Madrid, Barcelona, Úbeda, Huelva y Girona y contaba con laboratorios de fabricación de tarjetas y un taller de falsificación de documentos en los que se encontraron lectores-grabadores de tarjetas, lectores de tarjetas con chip y micro cámaras para colocar en cajeros automáticos. Realizaban compras en establecimientos conniventes, todos ellos restaurantes de comida turca, o bien adquirían productos informáticos, perfumes, tabaco, licores y tarjetas de regalo de primeras marcas que eran revendidos a terceros.

Otro caso se dio a conocer en septiembre de 2015, cuando la Policía Nacional detuvo a dos hombres en Jerez de la Frontera (Cádiz) como presuntos autores de múltiples estafas ofertando videoconsolas y videojuegos de última generación que anunciaban por un precio más barato al de mercado. Los clientes adelantaban el dinero vía transferencia bancaria pero nunca recibían los productos.

También en 2008, la policía detuvo en Barcelona a otra banda, esta vez brasileña, dedicada a la fabricación y distribución de documentos falsos, al blanqueo de dinero y a la comisión de estafas bancarias a través de internet. El dinero obtenido por la red, a través del denominado phising (un tipo de engaño que consiste en imitar mensajes de correo electrónico y sitios web de bancos o empresas para inducir a la gente a que revele números de cuenta, contraseñas y datos confidenciales), era enviado e ingresado en diversas cuentas bancarias de Brasil, abiertas con documentación falsa. Un miembro de la organización, con amplios conocimientos informáticos, era el encargado de acceder a las cuentas de la banca online de los estafados y después desviar el dinero.

Los delitos por estafa bancaria están penados con cárcel. En 2015, se logró detener o imputar a un total de 844 personas y eso que sólo se esclareció menos del 10% de los casos conocidos. Es decir que, el año pasado, solo se resolvieron 3.083 estafas de las 32.837 que hubo (la mayoría, el 68% de ellas, en Cataluña).

Autora: Elvira Calvo (17 agosto 2016)

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