Por qué el mundo es cada vez más seguro

19/09/2014 | Simon Kuper – Financial Times Español

Parece que las malas noticias no dan tregua. El otro día mi amiga editora Mariia me envió un email desde Kharkiv en Ucrania. Cuando visité Kharkiv hace dos años era una ciudad pobre, corrupta y dominada por una enorme estatua de Lenin, pero sin embargo era verde, encantadora y pacífica. Por lo menos ya habían terminado las guerras en las históricas tierras ensangrentadas de Europa. Eso pensé entonces. Ahora, escribe Mariia, llegan refugiados y huérfanos desde Donetsk y Lugansk. Soldados malheridos llenan el hospital militar de Kharkiv. Mariia dice: “Tendremos una generación perdida. Han vuelto los tiempos de Hemingway y Remarque”. Otras exrepúblicas soviéticas miran esto con terror.

“El verano del odio”, así lo llama el comentarista holandés Bas Heijne. Ciertamente esta es una mala noticia. Sin embargo a la larga los patrones que sigue la humanidad son esperanzadores. La vida para el ser humano promedio sigue mejorando.

En las noticias las guerras civiles en Siria e Iraq se mezclan, y quizás pronto se intersecten con el conflicto palestino-israelí. En África occidental el peor brote del virus del Ébola ha matado a más de 2.400 personas, la mayoría en Liberia. El hombre que co-descubrió el Ébola en 1976, Peter Piot, ahora director de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, me dijo: “Esto se está saliendo de control. Tenemos algunos escenarios aterradores”. Imaginemos lo que pudiera pasar, dice, si uno de los muchos indios en África occidental se contagia y lleva el virus a un nada higiénico hospital público de la India.

Pero a pesar de todas las terribles noticias, el mundo ha estado convirtiéndose en un lugar más seguro. Las muertes por conflictos armados han venido descendiendo durante décadas, probablemente siglos, tal y como lo dice el sicólogo de Harvard Steven Pinker. La tasa global de mortalidad por guerras, dice Pinker, descendió de “casi 300 por cada 100 mil habitantes durante la segunda guerra mundial, hasta casi 30 durante la guerra de Corea, apenas superando los 10 durante la guerra de Vietnam, y llegando a un solo dígito en los años 1970 y 1980, y a menos de 1 en este siglo”.

Es cierto que las muertes en conflictos armados aumentaron después de 2005. Casi 200 mil personas fueron asesinadas tan solo en Siria de 2011 a abril de este año, según calculan las Naciones Unidas. Sin embargo Pinker dice que aún estamos “apenas por encima de un” muerto por guerra por cada 100 mil habitantes al año. Los homicidios, mucho más comunes que los muertos por guerras, están descendiendo en el hemisferio occidental.

Y las muertes violentas en los años recientes han sido ampliamente superadas por las vidas salvadas de las garras de las enfermedades infecciosas. Los tres grandes asesinos de los pobres: Sida, tuberculosis y malaria, están en retirada.

Además, la tasa de mortalidad mundial de menores de cinco años “ha caído a cerca de la mitad” entre 1990 y 2012, dice Unicef. El ser humano promedio ahora vive alrededor de 70 años. Estos son 20 años más de vida que a principios de los años 1950. Los liberianos han ganado esos 20 años desde 1992. En promedio ahora ellos viven 60 años.

De hecho, un estudio publicado por el Banco Mundial mostró que desde 1970 hasta 2008 las tasas de mortalidad cayeron incluso en las zonas de guerra. La razón: mejores prácticas sanitarias disminuyeron las muertes por conflictos.

Tomar conciencia de estas tendencias debería estimular la acción, no la complacencia. Usualmente algo puede hacerse.

Piot, aunque preocupado por el brote de Ébola, cree que la medicina probablemente también avanzará rápidamente contra esta enfermedad: “Esta debería ser la última epidemia en la cual lo único que hagamos sea aislar y poner en cuarentena”. Las redes globales de sanidad creadas originalmente para luchar contra el Sida pueden actuar rápidamente, explica, y el Ébola es un virus más simple que VIH. Solo que antes el mundo no se había preocupado mucho del Ébola debido a que los anteriores brotes raramente mataban a más de 300 personas, y solo en países pobres de África. Ahora las pruebas de medicamentos han empezado. Podríamos encontrar un tratamiento efectivo en algunos meses.

De manera perversa ayuda el que el Ébola sea telegénico: mata en una semana, mientras que el VIH puede tardar una década. Esta emergencia es tan espectacular, dice Piot, “que creo que alguien de la comunidad internacional aportará dinero”. Los países ricos entienden, mejor que hace 30 años, que el mundo está conectado. El interés de occidente en el Ébola aumentó considerablemente después de que dos estadounidenses se contagiaron en julio, agrega Piot.

Diferenciar entre noticias y tendencias de largo alcance es crucial. Los historiadores franceses de los “Annales” nos enseñaron a ver la historia no solo como un desfile de reyes, guerras y revoluciones – “noticias”, digamos – sino como un estudio de las estructuras históricas en el largo plazo, lo que el historiador Fernand Braudel llama “longue durée”. Por supuesto que esas tendencias de largo plazo pueden cambiar a peor. La siguiente tendencia es el cambio climático. No lo prevendremos, así que tendremos que suprimir sus efectos tal como lo hemos hecho con la peste y la guerra.

Why the world is getting safer

09/19/2014 | Simon Kuper – Financial Times English

The bad news just doesn’t seem to let up. The other day my publisher friend Mariia emailed from Kharkiv in Ukraine. When I visited Kharkiv two years ago, it was poor, corrupt, dominated by a humungous statue of Lenin, and yet green, charming and peaceful. At least wars were over in Europe’s historic bloodlands, I thought then. Now, writes Mariia, refugees and orphans are streaming in from Donetsk and Lugansk down the road. Maimed soldiers fill Kharkiv’s military hospital. Mariia says: “We will have a lost generation. The time of Hemingway and Remarque returns.Other former Soviet republics watch in terror.

“The summer of hate,” Dutch commentator Bas Heijne calls it. The news is bad indeed. Yet humanity’s longer-term trends are hopeful. Life for the average human keeps getting better.

On the news, the Syrian and Iraqi civil wars are merging, and may soon intersect with the Israeli-Palestinian conflict. In West Africa, the worst outbreak of the Ebola virus has killed more than 2,400 people, mostly in Liberia. The man who co-discovered Ebola in 1976, Peter Piot, now director of the London School of Hygiene and Tropical Medicine, told me: “This is getting out of hand. You have some doomsday scenarios.” Imagine what could happen, he says, if one of the many Indians in West Africa caught the virus and carried it to an unhygienic Indian public hospital.

But, despite all the horrible news, the world has been steadily getting safer. Deaths in warfare have been falling for decades and probably centuries, as the Harvard psychologist Steven Pinker has charted. The global rate of war deaths, Pinker writes, slid “from almost 300 per 100,000 world population during world war two, to almost 30 during the Korean war, to the low teens during the era of the Vietnam War, to single-digits in the 1970s and 1980s, to less than 1 [this] century”.

True, deaths in conflict rebounded after 2005. Nearly 200,000 people were killed in Syria alone from 2011 through April this year, estimates the United Nations. Yet Pinker says we’re still at “a tiny bit over one” war death per 100,000 humans per year. Homicides, far more common than war deaths, are falling across the west.

And deaths from violence in recent years are vastly outnumbered by lives saved from infectious disease. Three great killers of poor people, Aids, tuberculosis and malaria, are in retreat.

Moreover, the worldwide death rate of children under five “roughly halved” between 1990 and 2012, says Unicef. The average human now lives to nearly 70. That’s 20 years more life than in the early 1950s. Liberians have gained those 20 years since just 1992. On average, they now live to about 60.

In fact, a study published by the World Bank showed that from 1970 through 2008, death rates tended to fall even in war zones. The reason: gains from better healthcare trumped deaths from fighting.

Noting these happy trends should encourage action, not complacency. Usually, something can be done.

Piot, although anxious about the Ebola outbreak, believes medicine will probably advance fast against this disease too: “This should be the last epidemic where all we have is isolation and quarantine.” The global health networks originally created to fight Aids can act quickly, he explains, and Ebola is a simpler virus than HIV. It’s just that the world never previously bothered much about Ebola because earlier outbreaks rarely killed more than 300 people, and only in poor African countries. Now drug trials have started. We could find an effective treatment within months.

Perversely, it helps that Ebola is telegenic: it kills in a week, whereas HIV can take a decade. This emergency is so spectacular, says Piot, “that I assume someone from the international community will pay”. Rich countries understand, better than 30 years ago, that the world is connected. Western interest in Ebola soared after two Americans caught it in July, notes Piot.

The distinction between news and deeper trends is crucial. The French “Annales” historians taught us to see history not just as a parade of kings, wars and revolutions – “news”, if you like – but as a study of historical structures in the long term, the historian Fernand Braudel’s “longue durée”. Of course, those longer trends could turn malign. The coming trend is climate change. We won’t prevent it, so we’ll have to suppress its effects as well as we have pestilence and war.

Copyright &copy “The Financial Times Limited“.
“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of “Financial Times”.
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