Por qué Europa ya no es la solución para España

Por qué Europa ya no es la solución para España

16/04/2013 | Gideon Rachman – Financial Times Español

Una tarde entre semana, viajando de Madrid a Barcelona, caminé por la sección de primera clase del tren. Había sólo un pasajero, medio adormecido en uno de los asientos de piel color negra – y resultó ser el conductor, que parecía sorprendido por la aparición de un intruso.

La magnífica red ferroviaria española de alta velocidad habla de la dramática modernización del país llevada a cabo en décadas recientes. Pero los trenes vacíos que unen a las dos principales ciudades españolas son evidencia de una profunda depresión económica. Problemas en España son problemas para Europa. Todos los eurorescates han sido hasta ahora de países relativamente pequeños: Grecia, Portugal, Irlanda y Chipre. Pero España es una de la economías más grandes de Europa y los rumores sobre su eventual rescate han vuelto a ser un tópico común.

Las estadísticas son aterradoras. El desempleo ronda el 26 por ciento; entre los jóvenes es más del 50 por ciento. Las previsiones para este año son que la economía se contraiga aún más, alrededor del 1,5 por ciento. Los bancos han tenido que ser rescatados, pero todavía existe el temor de que si la economía sigue en declive habrá una segunda ola de impagos de deuda. El gobierno ha realizado profundos recortes del gasto y ha relajado la regulación del mercado laboral. Pero el déficit fiscal de este año se mantendrá alrededor del 6,6 por ciento del PIB y la deuda nacional se prevé alcance el 90 por ciento, nivel visto ya como de peligro.

La crisis económica es particularmente un golpe para España porque – desde el comienzo de la democracia a finales de los años 70 – ha sido el país europeo más optimista y excitante.

Mientras que los franceses, británicos e italianos combatían un sentimiento de declive nacional, España se lanzaba al futuro. La prosperidad era creciente y España se convirtió en líder global en Fútbol, moda, comida y cinematografía.

España ha padecido profundas recesiones con anterioridad, aún durante los años 90. Pero en las épocas previas los sacrificios tenían un sentido, ligados primero a unirse a la Unión Europea y luego al euro. La diferencia ahora es que España no parece segura de tener una luz al final del túnel. Al contrario, el túnel económico sigue volviéndose más largo y oscuro. Como resultado, los españoles están perdiendo la fe en las instituciones nacionales y europeas.

La ira popular contra los bancos que otorgaron préstamos a la ligera es rampante. Y se ha enfocado particularmente en la venta mal-informada de acciones preferentes de bancos a ahorradores tradicionales – que pensaron que compraban un producto seguro, sólo para ver perdida su inversión al ser restructurados los bancos. Como en otros lados, muchos de los banqueros responsables de esto parecen estar llevando un nivel de vida misteriosamente bueno.

Los políticos son profundamente impopulares. Una encuesta reciente reveló que el 96 por ciento de los españoles creían que la corrupción política era “muy alta”. El partido de centro-derecha en el poder, el Partido Popular, enfrenta acusaciones de haber mantenido un fondo secreto. Mariano Rajoy, el presidente, carece completamente de carisma – su idea de una conferencia de prensa es reunir a los periodistas en una sala frente a un monitor para leerles un comunicado transmitido desde otra sala. La oposición socialista se ha mostrado inefectiva y está rezagada en las encuestas. El surgimiento de los “indignados”, un movimiento de protesta popular, llevó a algunos a creer que una nueva fuerza política surgiría de las calles. Pero los indignados tuvieron su momento de gloria hace ya un año y ahora están dispersos. El principal movimiento de protesta actual está más enfocado a impedir los desahucios hipotecarios.

No son sólo los bancos y los políticos quienes están en el punto de mira. También la monarquía está bajo fuego. El Rey Juan Carlos, antes admirado por su rol en la transición a la democracia, ha tenido que ofrecer disculpas por haber tomado vacaciones, un safari donde mató un elefante, justo en lo más profundo de la crisis de 2012. Su vida personal se ha visto bajo un escrutinio riguroso; y su hija Cristina ha sido formalmente nombrada como sospechosa en un caso de corrupción.

Sin embargo, la pérdida de fe más grande de todas puede ser en el “proyecto europeo”. En décadas recientes, la UE parecía ofrecer la salida al laberinto de pobreza relativa, aislamiento y autoritarismo. La fe española en Europa se reflejaba en el famoso dicho del escritor José Ortega y Gasset: “España es el problema y Europa es la solución”.

A pesar de esto, para muchos españoles Europa parece ser una parte importante del problema. Los economistas se preguntan si los problemas de España están ligados a su membresía al euro, que primero impulsó una burbuja crediticia y ahora evita la vuelta a la competitividad a través de una devaluación de la moneda. Se culpa a Alemania ampliamente por insistir en una austeridad sin concesiones para equilibrar el presupuesto español – políticas económicas que crean el riesgo de profundizar aún más la recesión.

El “sueño europeo” que abrazaron los españoles prometía un estilo de vida de clase media para la mayoría de la gente. Pero con pocas perspectivas de un trabajo seguro para los jóvenes y una amenaza para el estado de bienestar, el miedo ahora es que el futuro de España sea más parecido al de Argentina que al de Alemania. Un futuro argentino implicaría un miedo constante a sufrir una crisis financiera – y a ampliar la brecha entre las clases sociales, mientras algunos continúan disfrutando un estilo de vida de primer mundo, a la vez que una creciente clase baja se aleja más y más de la prosperidad. Sobre todo, el estilo de vida pública a la argentina se caracteriza por un profundo cinismo acerca de las instituciones nacionales y sus
líderes.

España no está en ese estado todavía. Pero el país necesita con urgencia un guión optimista para contrarrestar el creciente pesimismo y cinismo entre su gente. España solía ser el botón de muestra de los beneficios del proyecto europeo. Ahora podría convertirse en el símbolo de que todo ha salido mal.

Why Europe is no longer the solution for Spain

16/04/2013 | Gideon Rachman – Financial Times English

Travelling between Madrid and Barcelona on a recent weekday afternoon, I wandered into the first-class section of the train. There was only one passenger, snoozing on the black leather seats – and he turned out to be the conductor, who looked up startled at the sound of an intruder.

Spain’s magnificent high-speed rail network testifies to the dramatic modernisation of the country in recent decades. But the empty trains speeding between the country’s two leading cities are evidence of a deep economic malaise. Trouble in Spain is trouble for Europe. All the euro rescues so far have been for relatively small countries: Greece, Portugal, Ireland and Cyprus. But Spain is one of Europe’s largest economies and talk of an eventual bailout is once again commonplace.

The statistics are frightening. Unemployment is about 26 per cent; youth unemployment is more than 50 per cent. The economy is forecast to contract again this year, by about 1.5 per cent. The banks have had to be bailed out – but there is a fear that if the economy keeps sliding, they will be hit by a second wave of bad debts. The government has cut spending sharply and loosened labour-market regulations. But the fiscal deficit this year remains on track to be about 6.6 per cent of gross domestic product – and the national debt is heading up to 90 per cent, often regarded as the danger level.

The economic crisis is a particular shock for Spain because – since the coming of democracy at the end of the 1970s – the country has been Europe’s most optimistic and exciting.

While the French, British and Italians struggled with a sense of national decline, Spain powered forward. Prosperity was soaring and Spain became a global leader in football, fashion, food and cinema.

Spain has suffered deep recessions before, even in the 1990s. But in previous eras, the sacrifices had a purpose, linked to joining first the EU and then the euro. The difference this time is that the Spanish no longer seem sure that there is light at the end of the tunnel. Instead, the economic tunnel keeps growing darker and longer. As a result, Spaniards are losing faith in national and European institutions.

Popular rage against the banks that lent so recklessly is rampant. It has focused in particular on the mis-selling of preference shares in banks to unsophisticated savers – who thought they were buying a safe product, only to be wiped out when banks restructured. As elsewhere, many of the bankers responsible still seem to be doing mysteriously well.

Politicians are also deeply unpopular. A recent poll found that 96 per cent of Spaniards believe that political corruption is “very high”. The ruling centre-right Popular party faces accusations that it ran a secret slush fund. Mariano Rajoy, the prime minister, is entirely lacking in charisma – his idea of a press conference is to summon journalists and then read a statement from another room while reporters watch him mutely on a video screen. The Socialist opposition is ineffective and trailing in the polls. The rise of the indignados, a popular protest movement, led some to think that new political energy would come from the streets. But the indignados peaked over a year ago and have largely dispersed. The main protest movement is now more narrowly focused on mortgage repossessions.

It is not just banks and politicians that are held in contempt. Even the monarchy is under fire. King Juan Carlos, once revered for his role in the transition to democracy, had to apologise for going on an elephant-shooting holiday at the height of the crisis in 2012. His personal life is coming under harsh scrutiny; and his daughter, Cristina, has been formally named as a suspect in a corruption case.

The biggest loss of faith of all, however, may be in the “European project”. In recent decades, the EU seemed to offer a way out of a labyrinth of relative poverty, isolation and authoritarianism. The country’s faith in Europe was reflected in the famous saying of the writer, José Ortega y Gasset: “Spain is the problem and Europe is the solution.”

For many Spaniards, however, Europe looks like a large part of the problem. Economists wonder whether Spain’s plight is closely linked to its membership of the euro, which first stoked a credit boom and now prevents the restoration of competitiveness through a currency devaluation. Germany is widely blamed for insisting on unremitting austerity to balance the Spanish budget – policies that risk creating an ever-deeper recession.

The “European dream” that Spaniards embraced promised a middle-class lifestyle for most people. But with little prospect of secure jobs for the young and a threat to the future of the welfare state, the fear now is that the Spain of the future will look more like Argentina than Germany. An Argentine future would involve the constant fear of financial crises – and a widening gap between the social classes, as many continue to enjoy a first-world lifestyle, while a growing underclass becomes detached from prosperity. Above all, Argentine public life is characterised by deep cynicism about national institutions and leaders.

Spain is not there yet. But the country urgently needs an optimistic story to counteract mounting pessimism and cynicism among its people. Spain used to be the poster child for the benefits of the European project. It now risks becoming a symbol of everything that has gone wrong.

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