Preferencias endógenas

13/01/2015 | Chris Dillow

La visión convencional de que los consumidores tienen preferencias racionales y que maximizan su utilidad es un error, según nuevas evidencias experimentales.

En Praga, investigadores propusieron a unos alumnos que probasen una mezcla desagradable de Fanta con sal y vinagre, y luego les preguntaron cuánto tendrían que pagarles por beber una mayor cantidad de esta mezcla, sabiendo que aquellos que elegían un precio menor que la media estaban obligados a beberla. Este ejercicio fue repetido diez veces.

Encontraron que los sujetos eran fuertemente influenciados por el precio medio surgido en acciones anteriores. Esto no es necesariamente algo irracional; alguien que quisiera el dinero más que el mal sabor apostaría un centavo menos que la media. Aunque lo que es extraño es que quienes eran informados de las ofertas más bajas ofrecieron también precios bajos, lo que iba en contra de sus propios intereses. Los investigadores concluyeron que “las preferencias son determinadas de manera endógena por los propios procesos del mercado”.

Esto es una evidencia más de que la presión de grupo importa; influencia nuestras decisiones para gastar o ahorrar y nuestras decisiones sobre cómo invertir.

Este experimento muestra que estas presiones de grupo importan incluso cuando las decisiones de la gente son anónimas, esto es en ausencia de presión social a la cual ajustarse. También influyen en contextos muy privados, como cuando la gente debe sopesar su disgusto natural por esta bebida contra de su deseo por el dinero.

Las elecciones de los consumidores se ajustan al principio de “Cuando Harry encontró a Sally”: “Tomaré lo mismo que ella”.

Una razón de esto puede ser que las preferencias son, dentro de un rango, indeterminadas; esto quizás también explica otra anomalía de la perspectiva de la teoría convencional, que las elecciones del consumidor están influenciadas por cómo sean presentadas. Es clásico explicar este punto mediante una famosa (aunque falsa) conversación entre George Bernard Shaw y una mujer de la alta sociedad:

‘¿Te acostarías conmigo por… por un millón de libras?’ ‘Bueno’, respondió ella ’Quizás por un millón lo haría, si’ ‘¿Lo harías por 10 chelines?’ Preguntó Bernard Shaw. ‘¡Por supuesto que no!’ dijo la mujer. ’¿Por quién me has tomado? ¿Por una prostituta?’ ’Eso ya lo habíamos establecido’ dijo Bernard Shaw. ¡Ahora solo estamos estipulando el precio!’.

De hecho Shaw estaba siendo un poco cruel: las preferencias de su interlocutora estaban simplemente menos definidas que lo que la teoría estándar asume.

Esto puede explicar muchas cosas. Quizás contribuye con el surgimiento de las superestrellas de Adler, músicos y escritores que hacen millones a pesar de la falta de talento: como Andrew Hill dice, la gente quiere comprar lo que otros están comprando. Quizás también explica el efecto Steve Brookstein, que es la tendencia de los ganadores de factor X aparentemente populares hasta que se hunden en el olvido. Esto es porque las preferencias populares quizás no son tan fuertes como lo parecen.

Ustedes podrían pensar que esto es sólo otro ataque a la economía neoclásica ortodoxa. Sospecho que el problema va más allá. Las preferencias políticas pueden ser también endógenas; otros experimentos de laboratorio muestran que nuestras actitudes a la desigualdad (como por ejemplo) son formadas por efecto de anclaje o por una simple renuncia. Podría ser, por lo tanto, que nuestras preferencias políticas están también sean endógenas y no sirven a nuestros intereses. Si es así, el problema de la democracia no son solo los políticos, también los votantes.

Publicado en el blog Stumbling and mumbling por Chris Dillow, 07/01/2015 se reproduce con permiso Creative Commons. Traducido por Finanzas para Mortales.

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