Próximo destino: la Luna o Marte

El hombre pisó la Luna por primera vez en 1969. Desde entonces y hasta 1972 se realizaron cinco alunizajes tripulados más. Los Apolos trajeron casi 400 kilos de roca lunar cuyo estudio ha permitido comprender, entre otras muchas cosas, la formación geológica de nuestro satélite. Durante los años posteriores, numerosas misiones espaciales han seguido estudiando la Luna pero, la realidad, es que nadie más la ha vuelto a pisar. Algunos científicos ya piensan en “conquistar” Marte, un deseo que recientemente ha expresado el propio presidente Donald Trump: quiere que un estadounidense sea el primero en llegar al planeta rojo. Y así se lo ha pedido a la NASA.

Y la agencia espacial no ha tenido más remedio que subirse al espacial carro conquistador ante algunas iniciativas privadas de empresas aeronáuticas como Blue Origin, Boeing, Lockheed Martin, ATB Orbital o Space X. La realidad se acerca a la ficción cada vez más. El astronauta de la NASA Peggy Whitson cree que será posible viajar a Marte en la década de 2030, según se desprende de algunos informes de la propia agencia espacial que ya trabaja en el hardware que probará un nuevo cohete pesado. El proyecto lleva tiempo y dinero por lo que se hace imprescindible la cooperación internacional.

Más optimista se muestra la compañía especializada en transporte aeroespacial SpaceX que en 2012 ya anunció que planeaba la construcción de un sistema de transporte interplanetario que permita establecer la primera ciudad humana en Marte hacia el año 2024. Según su fundador, Elon Musk, el proyecto se iniciaría en 2018 construyendo la nave, Red Dragon, en la que enviar a grupos pioneros, no más de 10 personas, que serían las encargadas de construir la infraestructura. El objetivo: crear colonias en Marte de hasta 80.000 personas e introducir vuelos regulares que costarían alrededor de 500.000 dólares. Se calcula que el proyecto necesitaría un presupuesto aproximado de 36 mil millones de dólares.

Otro grupo de científicos cree que, antes de pisar Marte, hay mucho que explorar aún en la Luna y aspira a sustituir sondas y robots por astronautas que actúen como verdaderos científicos sobre el terreno. Por este motivo, la NASA está evaluando la posibilidad de que una tripulación de dos personas vuele alrededor de la luna a mediados de 2019.

Y es que, parece ser, la Luna es una mina de oro porque contiene las claves para entender los orígenes y la evolución de la Tierra, ya que su superficie sin aire contiene las impresiones apenas alteradas de 4.500 millones de años de historia del sistema solar. Los geólogos creen posible un asentamiento en la Luna (basado en la exportación de helio 3 a la Tierra) desde el que podría explorar Marte.

Viajar a la Luna es, pues, una posibilidad cada vez más cercana. La propia compañía SpaceX anunció el pasado mes de febrero que el primer viaje turístico a la Luna podrá realizarse a finales de 2018. Los primeros turistas, sólo dos ciudadanos privados, cuya identidad se mantiene protegida, podrán verla de cerca pero no tocarla.

Más conocido es el interés del multimillonario fundador de Virgin, Richard Branson, el primero en contemplar la posibilidad del turismo espacial. Su empresa Virgin Galactic ha diseñado una nave espacial, la Space Ship Two, realizada a partir de fibra de carbono y diseñada para llevar a media docena de turistas a unos 96 kilómetros de altura hasta el borde del espacio. Aunque Branson anunció los primeros viajes para 2010, lo cierto es que aún no se han realizado pero ya tiene lista de espera: más de 700 personas —incluyendo al astrofísico Stephen Hawking, al cantante Justin Bieber o los actores Leonardo DiCaprio y Ashton Kutcher— esperan su llamada para ocupar un puesto en el pasaje al precio de 250.000 dólares.

¿Hay vida, o es posible la vida, en otros puntos del sistema solar más allá de la Tierra que habitamos? Se sabe que de los cincuenta y tres satélites con nombre del planeta Saturno, uno de ellos y el sexto en tamaño, unos 500 kms de diámetro, Encélado posee todos los ingredientes necesarios para albergar vida. Las observaciones de la sonda espacial Cassini en 2005 mostraron que las erupciones de vapor que escapan de la cubierta de hielo del planeta contienen sustancias químicas que en la Tierra se asocian a la vida. La NASA tenía previsto aterrizar una nave que continuara estudiándolo, pero Trump ha retirado el presupuesto de este año porque Marte es “objetivo prioritario”.

La ciencia sigue avanzando en descubrimientos que permitan explicar la existencia de la propia vida. Nos encaminamos hacia una civilización interplanetaria basada en el instinto de conquista, el espíritu humano universal de la exploración o quién sabe, de supervivencia. Lo de hacer turismo por el sistema solar parece que, de momento, no será masivo, pero sí parece claro que, una vez se consiga, “la vida nunca será igual” como reza el slogan de Virgin Galactic.

Autora: Elvira Calvo (27 de abril 2017)

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