¿Quién es el responsable de enseñar responsabilidad?

23/06/2014 | John Authers – Financial Times Español

“Eres un consejero en inversiones y administrador de Outrageous Wealth Managers (OWM) a la cual te uniste recientemente, habiendo trabajado por varios años en Azure, subsidiaria de uno de los principales bancos del Reino Unido, especializada en administrar patrimonios“.

Así empieza una pregunta del test online que el Chartered Institute for Securities and Investment (CISI) aplica a todos los candidatos a obtener el grado de analista en inversiones.

Dicho test pronto avanza hacia el fantasioso territorio del juego de roles. En un tren te encuentras cara a cara con tu antiguo colega Bruce, y mientras él revisa ansiosamente sus papeles, admite que en ocasiones las cosas se complican en Azure. Cuando él se aleja te das cuenta que ha dejado en la papelera una serie de folios, posiblemente confidenciales, que llevan el logo de Azure. ¿Qué deberías hacer?

Los candidatos disponen de una serie de respuestas múltiples, que los llevan a más problemas éticos. Al final no queda claro cuál es la respuesta “correcta”. El ejercicio capta la dificultad de comportarse bien en el ambiente financiero. Y necesitas aprobar si quieres obtener el grado.

Esta es una de las maneras más originales de lidiar con un problema difícil y de largo alcance: ¿Cómo enseñar ética a los estudiantes de empresariales? Y más allá del amplio campo de la ética ¿Cómo prepararlos para lidiar con las especificidades de las regulaciones?

En los servicios financieros muchos se pasan la vida tratando de hacer felices a los reguladores. Pero mientras las regulaciones se adaptan a un mundo financiero cada vez más complicado, una nueva cultura de externalización de responsabilidades ha emergido. Los reguladores establecen las reglas y a menudo permiten que nuevas empresas y modelos de negocios tomen un papel crucial.

Aun así las mejores escuelas de negocios encuentran difícil preparar a sus alumnos para lidiar con los reguladores. Uno de los problemas es práctico: hoy en día las mejores escuelas son globales, pero las regulaciones son específicas para cada país. No tiene mucho sentido preparar a los estudiantes en cuanto a las reglas de los EE. UU. si van a regresar a trabajar a China. Este problema se deja en manos de los organismos profesionales, quienes a menudo confían en que los estudiantes se aprendan las reglas en el trabajo.

Las escuelas de negocios se limitan a los temas generales de ética. Pero esto genera más dilemas.

Algunas escuelas ofrecen un curso de ética de manera independiente– con el riesgo de dar a entender que las otras clases no implican ética. Otras intentan “imbuir” su currículo con ética – provocando que los estudiantes se quejen de que al final la ética se ignore.

En ambos casos, las reglas específicas se quedan sin ser tratadas. Y esto es importante porque la respuesta automática a las recientes regulaciones ha sido externalizar la responsabilidad, creando una nueva vulnerabilidad en el sistema financiero.

Tomemos como ejemplo el poder de las agencias de calificación de crédito antes de la crisis. Las reglas de “Basilea II” incentivaban a los inversores a comprar cualquier cosa que estuviera calificada con Triple A por las agencias. Esto nos llevó al desastre.

Las calificaciones solo eran publicadas como opiniones, basadas en información disponible al público: las agencias se quedaron cortas cuando los bancos de inversión empezaron a tratar de persuadirlas de que los productos basados en hipotecas subprime deberían ser calificadas como triple A.

Después de la crisis, es la ley Dodd-Frank la que ha tenido consecuencias no previstas en los EE. UU.

Las empresas deben ser más transparentes con los inversionistas, quienes deben participar en las votaciones sobre la remuneración de los ejecutivos.

Al parecer la respuesta ha sido dejar que los inversionistas confíen en algunas de las nuevas empresas analistas para aconsejarlos en cómo votar, siendo este el camino más fácil para mostrar a los reguladores que están tomando en serio sus deberes.

No solo las regulaciones sino la estructura de los mercados de capitales impulsan la cultura de “pasar la responsabilidad”.

Antes los banqueros sabían que sufrirían las consecuencias si un préstamo que habían hecho no era pagado. Ahora pueden traspasar ese riesgo.

Mientras el público ha dejado de confiar en el sector de los servicios financieros, es crucial inculcar una cultura de mayor responsabilidad. ¿Quién hará esto?

El mundo online de dilemas morales del CISI es un intento tan imaginativo como cualquiera. Pero seguramente esta enseñanza necesita empezar antes – en la universidad o en la escuela de negocios – y continuar una vez que los candidatos se conviertan en trabajadores. Entonces, quizás, cuando se encuentren con que un viejo amigo ha dejado sin vigilancia unos posibles documentos confidenciales, sabrán exactamente lo que tienen que hacer.

Who is responsible for teaching responsibility?

06/23/2014 | John Authers – Financial Times English

“You are an investment adviser and manager for Outrageous Wealth Managers (OWM) which you joined recently, having worked for a number of years for Azure, a wealth management subsidiary of a major UK bank.”

So begins a question in the online ethics test that the UK’s Chartered Institute for Securities and Investment (CISI) requires all candidates for its qualification to take.

The test soon moves into the territory of fantasy role-playing games. On a train, you find yourself facing Bruce, a former colleague who admits that times are tough at Azure, and shuffles anxiously through his papers. When he leaves, you realise that he has left on top of a full rubbish bin a sheaf of possibly confidential papers, bearing the Azure logo. What should you do?

Candidates are given a multiple-choice set of options, leading to further ethical dilemmas. By the end it is not at all clear what the “right” answer is. The exercise captures the difficulty of behaving well in a financial environment. And you must pass if you want the qualification.

This is one of the more original ways of dealing with a long-running and difficult problem: how do you teach business students about ethics? And beyond the broad issue of ethics, how do you train them to deal with the specifics of regulations?

Many in financial services spend their lives trying to keep regulators happy. But as regulation adapts to a more complicated financial world, a new culture of outsourcing responsibility has emerged. Regulators set the rules, and often allow new companies and business models to take a pivotal role.

And yet the biggest business schools find it hard to prepare their students to joust with regulators. One problem is practical: these days, the top schools are global, but regulation is country-specific. There is little point in briefing students on US rules, if they are going to return to work in China. This problem tends to be farmed out to professional bodies, who often rely on candidates learning rules on the job.

Business schools restrict themselves to broader ethical issues. But that raises more dilemmas.

Some schools offer a standalone course in ethics – with the risk of implying that all other classes are unethical. Others attempt to “suffuse” all their curriculum with ethics – prompting students to complain that ethics are ultimately ignored.

Either way, dealing with specific rules is left unaddressed. And this is important because the default response to recent regulation has been to outsource responsibility, creating new vulnerability in the financial system.

Take for example the pre-crisis power of credit rating agencies. The “Basel II” bank regulations gave investors a big incentive to buy anything stamped triple A by agencies. That way lay disaster.

Ratings were only ever advertised as opinions, based on publicly available information: the agencies fell short when investment banks started trying to persuade them that products based on subprime mortgages should be rated triple A.

After the crisis, it is the Dodd-Frank legislation in the US that has had unforeseen consequences.

Companies must be more transparent with investors, who must take part in votes on executive pay.

The response, it appears, has been to leave investors relying on a few proxy companies for advice on how to vote as the easiest way to show regulators they have taken their duties seriously.

Not only regulations but the structure of capital markets foster a culture of “passing the buck”.

Bankers once knew they would suffer if a loan they made defaulted. Now, they can sell that risk on.

As the public has lost trust in the financial services sector, it is critical to inculcate a culture of greater responsibility. Who is going to do this?

The CISI’s online world of moral dilemmas is as imaginative an attempt at this as any. But surely such training needs to start earlier – in university or business school – and continue once candidates are on the job. Then, perhaps, when they do find an old friend has left some potentially valuable papers unguarded, they will know exactly what to do.

Copyright &copy “The Financial Times Limited“.
“FT” and “Financial Times” are trade marks of “The Financial Times Limited”.
Translation for Finanzas para Mortales with the authorization of “Financial Times”.
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