Simon Kuznets – Premio Nobel de Economía 1971

En 1971, el tercer año en el que se concedía el Nobel de Economía, se adjudicó a un ruso emigrado a los Estados Unidos, Simon Kuznets, más tarde nacionalizado norteamericano, a pesar de que a sus veintiún años la Unión Soviética ya le había nombrado director del Instituto de Estadística de Ucrania. Su porvenir no parecía malo dentro del escalafón de la Nomenklatura, pero prefirió marchar a América, donde tuvo que volver a repetir su carrera, y donde cincuenta años más tarde, le esperaba el máximo galardón en su disciplina. Kuznets se distingue por la meticulosidad y la precisión de sus trabajos. Recolectaba datos incansablemente con el fin de comprobar si las teorías se traducían en realidades en la práctica. Se enfrentó a los planteamientos literarios, de tal forma, que para hablar de producción real y crecimiento económico hay que referirse necesariamente a Simon Kuznets.

El Producto Interior Bruto

Hasta después de la Segunda Guerra Mundial no se establecieron las Cuentas Nacionales de forma rigurosa, ni tampoco se podían medir el crecimiento o la recesión mediante el cálculo de variables que indicasen cuantitativa y de forma suficientemente precisa la evolución de la economía de un país.

A Kuznets se le atribuye la paternidad de estos primeros cálculos, y aunque no era el único, la precisión de sus trabajos le convierte en un pionero de referencia fundamental. Más tarde llegarían Sir Richard Stone y toda una serie de matemáticos, estadísticos y económetras que han perfeccionado estas mediciones que hoy son fundamentales para calibrar la eficacia de los programas y políticas gubernamentales.

La curva de Kuznets y la teoría del crecimiento

Sus estudios le llevan a concluir que durante los primeros años de crecimiento la desigualdad entre los habitantes de un país aumenta. Más tarde, cuando los factores decisivos dejan de ser los relativos a la utilización intensiva de capital, la desigualdad comienza a disminuir, produciéndose una figura en forma de U invertida, conocida como la curva de Kuznets. Podríamos decir que, a una primera etapa de creación de infraestructuras y acumulación de capitales, le seguirá una mayor importancia del factor trabajo, mayor volumen de los salarios y la aparición de una clase media que diluirá la concentración de riquezas de una sociedad previamente elitista y desequilibrada.

En cuanto al análisis del crecimiento económico, la forma en que este se produce—asegura -, es mediante el desarrollo de la tecnología, la transformación de instituciones y la modificación de ideologías. Empieza por referirse a una población creciente, combatiendo las ideas maltusianas sobre el porvenir apocalíptico del aumento de habitantes. Kuznets afirma que cada nuevo individuo proporciona una unidad más de trabajo y una unidad más de consumo, que estimulará el incremento de la producción, de tal forma -concluye-, que un país sin una masa crítica de habitantes es un país sin futuro.

En su opinión, el crecimiento económico implica cambios tecnológicos, institucionales e ideológicos difíciles de llevar a cabo con un coste político y social soportables. La urbanización, la evolución de la agricultura hacia una industria potente y, más tarde, el desarrollo de los servicios, el abandono de creencias fatalistas y la aceptación de instituciones modernas que arrinconen prejuicios ancestrales, son los ingredientes que forman parte de su teoría del crecimiento.

Es importante situarnos en el tiempo en que estas recomendaciones eran expresadas, así como la advertencia que hace de la necesaria estabilidad política y social para que se materialicen los cambios y el propio crecimiento. Sin ellas, el stock de conocimientos y la tecnología que se encuentren disponibles no podrían ser aplicados. Medio siglo después de ser planteadas, las propuestas de Kuznets sorprenden por su modernidad y sus premisas para el crecimiento siguen estando perfectamente vigentes.

Para conocer un poco más a fondo sobre cada uno de los galardonados recuerda que puedes consultarlo todo en el libro ‘Una corona de laurel naranja’ o entrando al siguiente blog.

José Carlos Gómez Borrero

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