Simón Ruiz Envito

Sobre Simón Ruiz se han escrito varias docenas de libros y artículos: fue el mayor exponente de una de las más célebres familias de mercaderes castellanos del Siglo de Oro, y fue el iniciador de uno de los más importantes archivos económicos conservados para la Edad preindustrial.

Simón Ruiz nació en 1525 o 1526 en Belorado, pueblo burgalés, y aunque se hallan escasos elementos sobre sus padres una “ynformazion de limpieza” certificó la “sangre limpia y principal [y] de legitimos matrimonios” de sus antepasados; otras cartas indican, además, el ilustre matrimonio de su abuelo Diego, secretario del Condestable de Castilla, con una familiar de los Vélez de Guevara, condes de Oñate, y la igualmente ilustre sepultura de sus abuelos en San Juan de Ortega y en San Lorenzo de Burgos.

Antes de 1550 se estableció en Medina del Campo, floreciente centro donde ya residía su hermano Vítores. La villa destacaba en la densa red urbana castellana en cuanto albergaba las más importantes ferias generales del Reino, que se beneficiaban del comercio interregional, de los pagos de la deuda del Estado y de los flujos internacionales de mercaderías y dinero, integrándose fructíferamente en los ejes Burgos-Flandes y Sevilla-Indias. Estas grandes ferias le permitireron establecer, a lo largo de su trayectoria comercial, afortunadas relaciones, tanto económicas como sociales, con los grandes mercaderes y sus agentes procedentes de los más importantes polos –el mismo Braudel le califica de “el viejo zorro de las ferias”.

Con una “carta de emançipaçion” de 1547 Simón fue autorizado a comerciar “por su cuenta”, aunque llevaba ya algunos años tratando paños con Nantes: la Bretaña era área geográficamente estratégica y con una cierta especialización en la producción de tejidos, además de residir allí otro hermano suyo, Andrés, y su primo Jean de la Presa. Constituyó varias compañías y asociaciones, sobresaliendo, en el tramo inicial de su carrera, la desarrollada con sus dos hermanos mayores y su primo: la Compañía vieja de Nantes y Medina, refundada en 1577 como Compañía universal de Nantes y Castilla. Otro primo, Francisco de la Presa, socio y corresponsal, estaba tácticamente establecido en Burgos, sede del Consulado de comercio y centro de exportación de la lana castellana y de la contratación de seguros.

A la importación al por mayor de lienzos de Nantes unió las mercancías de Francia y Aragón, y, poco a poco, extendió su red de corresponsales, agentes y factores (Sevilla, Lisboa, Flandes, Amberes, Lyon, Ruan, Génova, Florencia…), amplió el volúumen y los géneros de mercaderías tratadas (cardas, pabilos, sal, aceite, trigo, especias, papel, libros, cera, cobre, cochinilla…) y trató con hombres de negocios siempre más acreditados (Maluenda, Quintanadueñas, Lomellini, Spinola, Bonvisi, Fúcar, Gomes de Elvás, Rodrigues de Évora…).

Gracias a la sólida red de información, corresponsales y agentes de confianza que consiguió tejer, además del dinero acumulado y de los capitales que podía movilizar, el mercader, sin dejar de serlo, dio el salto a la ocupación de hombre de negocios en 1568, especializándose en la especulación en el cambio y tráfico de dinero y alcanzando ganancias de millones de maravedís (el archivo Ruiz conserva más de 21.000 letras de cambio). Una carta de 1594 le define como “el mejor credito de toda Espana y el mas puntual” y muchas otras subrayan su habilidad y honradez; entre las máximas de su correspondencia afloran: “el dinero no ha de estar ocioso” y “mejor vender pronto y barato que caro y tarde”.

Cogiendo la oportunidad que le ofreció el Decreto de suspensión de pagos de Felipe II en 1575, alcanzó la máxima consagración para un banquero: trató directamente algunos asientos con la Hacienda Real y coordinó grupos de prestamistas para la misma finalidad (aunque las ganancias que obtuvo en este campo fueron inferiores a lo esperado); una nota autógrafa de Felipe II de 1580, con la que trataba de atajar el rumor de que los Ruiz fueran espías francesas, decía a este respecto: “no me quadra lo de Simon Ruiz. El y su hermano son tenidos por hombres de bien”.

Compró el cargo de regidor de Medina y se casó, en 1561, con doña María de Montalvo, proveniente de una antigua familia de Arévalo: se le abría a Simón una puerta hacia la nobleza, aunque ella morirá una década después. Se casó en segundas nupcias en 1574, cuando su fortuna rondaba los 70 mil ducados, con doña Mariana de Paz, de otra “magnifica familia”; lo comentará así el propio Simón a los banqueros Bonvisi: “estaba muy fuera de mi voluntad, pero ofreziose negozio que me parecio estaba bien y […] deseo de tener hijos”.

En comparación con otras familias urbanas en ascenso, la peculiaridad de los hermanos Ruiz radica en la rapidez de su trayectoria socioeconómica. La actividad de Simón fue la más sobresaliente de la familia: al final de sus días su riqueza, transmitida en dos mayorazgos, se estima entre los 350 y los 380 mil ducados (cinco veces aproximadamente la de Andrés, siete la de Vítores, y tres la del primo Francisco). Sólo unas pocas casas de mercaderes en la Castilla del Siglo de Oro, españolas o extranjeras, pueden parangonarse, en cuanto a nivel de riqueza, al alcanzado por este mercader y hombre de negocios de Medina del Campo.

Entre 1581 y 1593 se trasladó a Valladolid (volviendo a Medina solo en tiempo de celebración de las ferias) para vivir en la capital de la región, ciudad más grande y cosmopolita, centro de consumo y sede del Tribunal de la Chancillería del Reino (donde a menudo pleiteaban los mercaderes). Cuando volvía a Medina del Campo dedicaba su tiempo y dinero a la construcción y dotación del Hospital General, el más grande de la villa, que incorporaba las demás instituciones asistenciales locales. La grandiosa fábrica era en ladrillo, simple y funcional pero majestuosa, a imitación de modelos renacentistas italianos, jesuíticos postconciliares y herrerianos del Escorial; al edificio (que permitió la conservación del archivo) estaba anexo a una iglesia, en la que se encuentran las estatuas funerarias de Simón y de sus mujeres y donde los Ruiz fueron sepultados.

Simón no tuvo hijos, así que gran parte de su herencia fue para los hijos de su hermano Vítores, los únicos que podían continuar la dinastía castellana (el mercader había sido además el tutor legal de estos sobrinos desde la prematura muerte de Vítores hasta que alcanzaron la mayoría de edad). El mayorazgo principal, para Vítores II, llevaba aparejado el patronazgo del Hospital, mientras el mayorazgo segundo fue para Cosme, con el que se había asociado en 1585 y al que progresivamente dejó las riendas del negocio (y que llevará a la ruina la casa en el siglo siguiente).

Las dos mejores descripciones de Simón proceden de sendos grandes estudios del archivo Ruiz. La descripción de Henri Lapeyre, construida a partir de la amplia correspondencia entre el mercader y su hermano francés, es fruto de un análisis de larga duración y de grandes espacios; se le ve como “el gran hombre de la familia”, cuyas virtudes principales son el honor, la llaneza y la religiosidad, la “clarividencia” y la “prudencia fruto de su sensatez”. La descripción de Felipe Ruiz Martín se centra en la “gran oportunidad” del Decreto de suspensión de pagos, cuando el hombre de negocios es llamado para ayudar al “pequeño capitalismo castellano”; por el escaso éxito de este proyecto y de algunos sucesivos este retrato resulta menos lisonjero y más profundo: se confirma su habilidad y prudencia, pero afloran su suspicacia, cicatería y egoísmo, y si su ética es “rígidamente inflexible” su moral aparece “sumamente acomodaticia”. También el cuadro que retrata a Simón, el único conocido de un hombre de negocios en la época de Felipe II, es leído de modo diferente por los dos historiadores: la mirada para el primero denota “viva inteligencia y un extremo rigor moral”, para el segundo “dimana arrogancia y gallardía”.

Bibliografía:

– Braudel, Fernand : Civilisation matérielle, économie et capitalisme. XVe-XVIIIe siècle, París, A. Colin, 1969 (I ed. 1967), vol. II, p. 119.

– Galli, Gabriele (2014): “Los Ruiz de Medina del Campo. Redes familiares y comerciales en el Siglo de Oro”, XIII Reunión Científica de la Fundación Española de Historia Moderna (Sevilla, 4-6/6/2014).

– Lapeyre, Henri: Una familia de mercaderes: los Ruiz. Contribución al estudio del comercio entre Francia y España en tiempos de Felipe II, Valladolid, Junta de Castilla y León, Consejería de Cultura y Turismo, 2008 (I ed. en francés, París, A. Colin, 1955), pp. 25-82 y 543-545.

– Museo de las Ferias de Medina del Campo, http://www.museoferias.net/catedra/bibliografia.htm

– Ruiz Martin, Felipe: Pequeño capitalismo, gran capitalismo: Simón Ruiz y sus negocios en Florencia, Barcelona, Crítica, 1990, pp. 66-72.

 
Gabriele Galli (Università di Verona y Universidad de Valladolid) y miembro de la Asociación Española de Historia Económica.

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