Tacones altos y guantes de boxeo: un retrato de las mujeres profesionales

Tacones altos y guantes de boxeo: un retrato de las mujeres profesionales

21/03/2016 | Lucy Kellaway (Financial Times) – Europa Press Español

¿Cómo lucen las mujeres en el trabajo? Desde mi escritorio en una oficina abierta tengo una buena vista de ocho de ellas. La mayor tiene cincuenta y tantos años, la más joven alrededor de 25. Algunas parecen haber pasado un buen rato ante el espejo antes de venir a la oficina; otras, no tanto. Una lleva el pelo en una cola de caballo enredada y tiene una chaqueta de bicicleta en el respaldo de su silla. La segunda está en tacones sorprendentemente altos y vestida de negro. A una tercera (yo) se le ven canas en las raíces del cabello y una mancha de azúcar en la pierna. Algunas lucen como si fueran al gimnasio con frecuencia, otras como si nunca hubieran ido en sus vidas. Todas están sentadas en sus escritorios, excepto una que acaba de pasar por aquí luciendo distraída y con una taza de té en la mano. Dos están comiendo. Ninguna se sonríe. Todas miran sus pantallas, con la cara en blanco.

Esto no tiene nada terriblemente misterioso o sorprendente. Así lucen las mujeres profesionales que trabajan en la oficina de un periódico en el Londres del 2016. Mi motivo por esforzarme tanto en su descripción es que aunque se escribe y se piensa y se habla sin cesar sobre las mujeres en el trabajo, no recuerdo haber visto nunca una fotografía que capte cómo lucen en realidad las mujeres trabajadoras, ni lo que hacen.

La semana pasada por fin llegué a leer un informe de McKinsey de 155 páginas titulado “El poder de la paridad.” En éste, algunas de las mejores mentes en el campo de la asesoría toman el tema de las mujeres en la fuerza laboral y llegan a la alegre – aunque increíble – conclusión que si todo el mundo “priorizara la acción” en el “paisaje de la igualdad de género” se añadirían 12 billones de dólares al crecimiento global.

El informe está realzado por fotografías de página entera. Una muestra tres pares de piernas masculinas en idénticos pantalones oscuros y mocasines ligeramente modernos. En el medio de la línea hay un par de piernas desnudas de mujer metidas en serios zapatos de tacón alto. La foto está recortada un par de pulgadas por encima de la rodilla, así que es difícil saber cuánto de corta es la falda de la mujer – o si ni siquiera lleva una puesta.

Una segunda foto es una imagen de una madre trabajadora más dulce que una joven Sophia Loren. Carga un niño pequeño, y solamente para probar que tiene un cargo importante, lleva chaqueta y anteojos serios y está hablando a través del móvil.

En la página sitio web de la compañía, las cosas no están mucho mejor. Hay una preciosa joven con brillante cabello oscuro, escote, y hombros desnudos. Sonríe tanto que parece estar a punto de estallar. “No vengas sólo a trabajar. Ven a cambiar”, dice el titular. Cambiar qué, me pregunté.

Quizás la ficción fotográfica que todo el mundo en la vida corporativa es joven y delicioso y está loco de alegría no importaría tanto si a los hombres y las mujeres se les tratara con igualdad. Excepto que no es así. En la página inicial de Goldman Sachs hay siete banqueros masculinos y tres femeninas. La mayoría de los hombres son personas principales nombrados y mostrados mientras trabajan. Ahí está Gary Cohn, jefe de operaciones, calvo, canoso y fotografiado hablando formalmente. Por contra, las jóvenes anónimas son increíblemente bellas con mucha piel al aire libre y sonrisas ganadoras.

En mi alma máter, JPMorgan, es el mismo cuento. Mujeres locas de contentas, todas capaces de haber tenido una gran carrera como modelos si no hubieran optado por la banca de inversión en vez.

Únete a nosotros, se dice sobre un par de fotos de un hombre y una mujer. Ella es bella y de raza negra, con una amplia sonrisa brillante, brazos tonificados y un indicio de escote. Él es el típico blanco, de cuello grueso, de espaldas cortas y una sonrisa poco convincente.

Hace un año, Sheryl Sandberg, jefa de operaciones de Facebook y autora de Lean In, protestó por las ridículas imágenes de mujeres trabajadoras que se encontraban en la web: estaba la mujer en tacones altos subiendo una escalera; la mujer en traje de negocios llevando inexplicablemente un par de guantes rojos de boxeo; y la aún más desconcertante foto en la cual una administradora en tacones de aguja caminaba sobre la espalda de un colega masculino.

Para mejorar las cosas se asoció con Getty Images y lanzó la Colección Lean In. Superficialmente esto es una mejora ya que no se ve un solo tacón de aguja, no hay bebés en maletines, y, lo mejor de todo, algunas de las mujeres son bastante mayores. Pero de otro modo sus fotos son aún más engañosas. En el mundo de Lean In todas las personas son modernas y guapas. Todas las mujeres llevan ropa informal y artística, y son fotografiadas contra fondos creativos. Todas lucen imposiblemente felices, excepto una o dos que tienen expresiones intensas, como para comunicar los grandes actos de creatividad espiritual que toman lugar en su interior.

Miro de nuevo a mis colegas. Todavía ninguna sonríe ni luce espiritual. Están trabajando.

Si una empresa quiere mostrar que en realidad valora a las mujeres y quiere priorizar la acción en el paisaje de la igualdad de género, mostrará imágenes de ellas en las que no siempre lucen modernas y vistosas. Simplemente lucen como mujeres en sus trabajos.

High heels and boxing gloves: a portrait of female professionals

03/21/2016 | Lucy Kellaway (Financial Times) – Europa Press English

What do women look like at work? From my desk in an open plan office I have a good view of eight. The oldest is fiftysomething, the youngest about 25. Some appear to have spent a decent amount of time in front of the mirror before coming to work — others less so. One has her hair in a messy ponytail and a cycling jacket on the back of her chair. A second is in astonishingly high heels and clad in black. A third (me) has grey showing on the roots of my hair and a smear of icing sugar on my leg. Some look as if they often go to the gym, others look as if they have never been in their lives. All are sitting at desks, apart from one who has just walked by looking distracted, holding a cup of tea. Two are eating. No one is smiling. Everyone is staring at their screens, faces blank.

There is nothing terribly mysterious or surprising about this. It is what professional women look like at work in a newspaper office in London in 2016. Why I make such a meal out of describing it is that even though people endlessly write and think and talk about women at work, I don’t think I’ve ever seen a photograph that captures what real working women actually look like, or what they get up to.

Last week I finally got around to reading a 155-page McKinsey report called “The Power of Parity”. In it some of the finest brains in consultancy take on the topic of women in the labour force and reach the cheering — if implausible — conclusion that if only everyone would “prioritise action” in “the gender equality landscape”, $12tn would be added to global growth.

The report is leavened by full-page photographs. One shows three sets of male legs in identical dark trousers and slightly infra dig loafers. In the middle of the line is a pair of slender, bare female legs stuck into high-heeled power pumps. The photo is cropped a couple of inches above the knee so it is hard to know how short the woman’s skirt is — or whether she is wearing one at all.

A second picture is a stock image of a working mother more luscious than a young Sophia Loren. She is holding a young child and, just to prove she has an important job, is wearing a jacket and serious glasses and talking on a mobile phone.
Over on the consultancy’s website things are not that much better. There is a pretty young woman with dark shiny hair, a plunging neckline and bare shoulders. She is smiling fit to burst. “Don’t just come to work. Come to change,” says the headline. Change what, I wondered.

Maybe the photographic fiction that everyone in corporate life is young and luscious and insanely happy wouldn’t matter if men and women were treated equally. Only they aren’t. On the Goldman Sachs homepage are seven male bankers and three female ones. Most of the men are senior people named and photographed as they work. There is Gary Cohn, chief operating officer, balding, grey and pictured talking earnestly. By contrast, the young anonymous women are total babes. Hair beautiful. Flesh on display. Smiles winning.

At my alma mater JPMorgan it is the same story. Insanely grinning women, all of whom could have had a great career in modelling had they not plumped for investment banking instead.

Join us, it says above a pair of pictures of a man and woman. She is beautiful and black, with brilliant wide smile, toned arms and a hint of cleavage. He is a regular white bloke. Thick neck, short back and sides and unconvincing smile.

A year ago Sheryl Sandberg, Facebook chief operating officer and author of Lean In, protested at the ludicrous stock images of working women found online: there was the woman in high heels climbing a ladder; the woman in business suit inexplicably wearing a pair of red boxing gloves; and an even more baffling picture in which a female manager in stilettos is walking on the back of a male colleague.

To make things better she got together with Getty Images and launched the Lean In Collection. Superficially this is an improvement as there isn’t a stiletto in sight, no babies in briefcases, and best of all, some of the women are quite old. But in another way her pictures are even more misleading. In the Lean In world everyone is cool and beautiful. All women wear casual, arty clothes and are shot against creative backgrounds. All still look unfeasibly happy, save one or two who have intense expressions as if to convey that major acts of soulful creativity are going on within.

I look again at my colleagues. They still aren’t smiling or looking soulful. They are working.

If a company wants to show that it really values women and wants to prioritise action in the gender equality landscape, it will show pictures of them in which they don’t always look cool or gorgeous. They just look like professional women at work.


Copyright &copy «Europa Press«.
«Europa Press» is a trade mark of «Europa Press».
Published for Finanzas para Mortales with authorization of «Europa Press».

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