¿Te subes al carro?

¿Te subes al carro?

19/11/2014 | Luis Barceló Rodríguez – Alumno Ingeniería Civil

Llegó un momento en la historia de la compraventa de alimentos en que pasamos de ir a pequeñas tiendas de ultramarinos para ir a los supermercados.
¿Por qué hubo ese cambio? El avance en la producción, procesamiento, transporte, empaquetado y variedad de alimentos, así como el surgimiento de cadenas comerciales dedicadas a la venta de estos, hicieron que poco a poco las tiendas de ultramarinos dieran paso a los supermercados.
El mejoramiento de los sistemas de transporte de mercancía aumentó la variedad de productos disponibles, y la llegada del automóvil facilitó el transporte de la compra a casa, posibilitando pasar de la compra diaria a la semanal. Al disminuir las visitas a la tienda e incrementarse la cantidad de productos que compraba la gente surgió la necesidad de contar con una manera de transportar dichos productos de los anaqueles a la caja registradora.
La cantidad de productos y el desarrollo de todo tipo de marcas hicieron que estas pequeñas tiendas fueran poco a poco desapareciendo, siendo en la actualidad muy escasas.
Por cada producto hay una gran variedad de marcas y todas quieren ser las elegidas por el consumidor. Esto hizo que la inversión en la publicidad creciera y evolucionara, sobre todo en los años 50 y 60, y fue donde se creó la necesidad de consumir la marca, en vez del producto. Por ejemplo, la idea de comprar Ketchup Heinz en vez de Ketchup, o comprar Cocacola en vez el refresco de cola.
Los consumidores poco a poco se acostumbraron a ver todo tipo de variedad de marcas para un producto, algo que un ultramarino no puede cubrir completamente. De esta manera se creó el modelo de supermercado que conocemos ahora, con grandes pasillos con estantes a los lados y gran cantidad de productos. Pasamos de tener una tienda con uno o dos dependientes que te ayudaban a comprar, a tener una superficie donde uno mismo toma los productos que quiere.
Una vez que llegamos al punto en el que tenemos que coger nuestros propios productos, se empezaron a idear proyectos para hacer la compra más fácil. Un ejemplo sería el uso de cestas o bolsas. Esto funcionó muy bien y en muchos casos sigue funcionando. Pero las empresas se dieron cuenta de que la gente podía consumir más porque vieron que muchas veces los clientes no compraban todo lo posible por la incomodidad de tener que cargar físicamente con ello. Es por ello que se creó el carrito de la compra.
En 1936 el dueño de un ultramarino en Oklahoma llamado Sylvan Goldman diseñó el primer carro de la compra para que las amas de casa pudiesen hacer la compra de una manera más amena y sencilla. Al principio, la gente veía esta herramienta como algo extraño y mucha gente no lo usaba, y por eso el Sr. Goldman llevó a su tienda a un grupo de modelos para que hiciesen la compra. De esta forma relacionó el concepto del carro de la compra con el estilo, la moda y la funcionalidad.
A lo largo de los años, la presencia del carrito experimentó un crecimiento exponencial en los supermercados. Estos cochecitos, cuya función es, aparentemente, hacer más fácil el transporte de la compra, son cada día de mayor tamaño. En realidad existe un porqué: el tamaño de los carros sólo sirve para convencernos de que hemos hecho una compra muy pequeña y de esta manera nos tientan a consumir más. “Aún hay mucho sitio”, es lo que podemos llegar a pensar si hemos cogido muy pocos productos. “Si con todo lo que he cogido aún queda espacio, seguramente se me estará olvidando comprar muchas cosas”. De esta manera consumimos más de lo que necesitamos, por eso es muy recomendable el uso de la cesta si sabemos que vamos a la tienda con intención de comprar unos pocos productos.
Además a esto, podemos añadir el mito de la rueda descarriada del carrito. En muchos casos nos encontramos con que nuestro carro de la compra se desvía ligeramente hacia la izquierda, esto nos obliga a sujetar el carro con la mano del mismo lado, y de esta forma tenemos la mano derecha para llegar de manera cómoda a todos los productos.
En la actualidad los carros de supermercado no son sólo una cesta grande donde poner productos. Se han actualizado para hacer más cómoda la compra de los consumidores. En muchos sitios ya se están empezando a usar carros con el lector de código de barras incorporado (la típica “pistolita”) para así ahorrarnos tiempo de espera en la cola. Volkswagen Trucks ha diseñado su propio carro de la compra donde el código de barras está dentro del propio manillar del carro. Y no sólo es eso, también puedes indicar al carro cuánto dinero estás dispuesto a gastar y el propio carro te va descontando dinero mientras que vas cogiendo productos. Esta función ayuda a que no se compre más de lo que se está dispuesto a gastar. En el siguiente enlace podéis ver el vídeo que hicieron para presentar el producto.
Algunas marcas de comida hacen carros especializados para hacer promociones de sus productos, como la marca Hellsmann, que hizo un carro con una tablet incorporada que en función de lo que ibas metiendo en el carro te recomendaba recetas saludables usando su producto. Aquí podéis ver el vídeo de presentación que hicieron.
Como podemos ver, el futuro de los carritos está ligado con las nuevas tecnologías. Están en desarrollo varios proyectos que buscan la unión de aplicaciones móviles y compras en supermercado. Por ejemplo Motorola presentó Concierge, un sistema de asistencia interactivo basado en una pantalla táctil de 32 pulgadas que se sitúa dentro del propio supermercado y con cámara de vídeo integrada. Éste permite a los usuarios navegar por el catálogo de la tienda, comprar productos, comparar modelos y marcas y leer códigos de barra. La diferencia con otras pantallas interactivas es el aprovechamiento que Motorola hace de la movilidad y el Big Data. Además de conocer los precios y especificaciones generales de los productos, los clientes pueden ver los comentarios o evaluaciones de otros compradores, webs especializadas y redes sociales. Además todo esto apoyado desde tu móvil. El objetivo principal es el mismo que tenía el señor Goldman: hacer la compra de una manera más cómoda para que la gente esté a gusto en el supermercado y, por supuesto, compre.

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