Tour de Francia: ¿negocio o carrera?

17/07/2013 | FxM – Nacho Sainz-Ezquerra

El Tour de Francia nació en 1903 como una estrategia de marketing de un medio de comunicación, con el fin de poder obtener un mayor número de ventas de sus periódicos en verano, ya que en esa época los contenidos eran muy pocos. Concretamente el artífice fue el francés Geó Lefèvre, periodista deportivo de L´Auto. Y se cumple este año su primer centenario del Tour porque durante los conflictos bélicos se dejo de disputar.

Y la historia se repite en otras dos grandes carreras ciclistas, el Giro de Italia que nació en 1908 por parte del diario deportivo La Gazzetta dello Sport y de la Vuelta Ciclista a España por parte del diario Informaciones.

El maillot amarillo es consecuencia del color de las páginas del diario L´Auto, una estrategia de marketing realizada justo después de la Primera Guerra Mundial. Y lo mismo ocurrió en Italia, con su “maglia rosa” que es el color del diario italiano.

Es cierto que sin la prensa, no existiría ninguno de estos acontecimientos deportivos, puesto que son los que favorecen a darle publicidad.

Hoy en día el Tour en sí mismo es un negocio, y el artífice de todo ello es la empresa actual Amaury Sport Organisation. Y no sólo forma parte del Tour, sino que en 2008 dicha empresa compró el 49% de Unipublic, organizadora de la Vuelta a España. No se sabe si esta compra se podría considerar una compra, una fusión, o incluso una joint venture

Una de las principales fuentes de ingresos del Tour son las salidas las etapas prólogo, y más cuando se disputan fuera de Francia. Sirvan como ejemplo la salida de Berlín (1987), San Sebastián (1992), Dublín (1998), Londres (2007), Mónaco (2009), Rotterdam (2010) o Lieja (2012). En estos casos las ciudades pagan al Tour para que se celebre una etapa en su territorio. Según Le Figaro (6 de julio 2013) las ciudades o pueblos que quieran sera la salida de una etapa deberán pagar al Tour 60.000 €. En el caso de que se quiera sera la meta, esa cifra asciende a 100.000 €. Y si ya se quiere poseer el honor de ser la etapa prólogo, se deberá desembolsar la nada desdeñable cantidad de entre 2 y 10 millones de euros. Se estima que el beneficio que le puede aportar a cada uno de estos pueblos y ciudades sea de unos 2,5 millones de euros.

Según la propia embajada Francesa así como sus organizadores, estiman que se destinan unos 100 millones de euros para que se dispute esta carrera ciclista que es seguida por unos 3 millones y medio de espectadores en 190 países.

La lotería francesa “La Française” destina 9,5 millones de euros en su equipo ciclista. Pero llegaron a recuperar la mitad el año pasado sólo con la publicidad tanto en televisión como en prensa como consecuencia de que uno de sus corredores fue décimo en la clasificación general.

Uno de los patrocinadores de esta carrera afirma que gasta entre 3 a 5 millones de euros por tener su marca al final de cada etapa. Este “simple” acto le proporciona publicidad tanto en Francia como en el exterior, pero que le podría costar hasta 10 veces más si quisiera hacer publicidad directa en los otros países.

Y esos ingresos que recibe la carrera se derivan luego en los premios que reciben los corredores y los equipos. Según la propia organización, los premios se desglosan de la siguiente manera. En las etapas en línea (normales) y en las contrarreloj individuales el primero gana 8.000 €, el segundo 4.000 €, el tercero 2.000€, y así hasta el 20º que gana 200 €. En las contrarreloj por equipos los premios ascienden hasta los 10.000 € del primero, 5.000 € del segundo, 2.500 € del tercero, hasta los 200 € del 20º.

En cuanto a la clasificación general individual, el ganador de la ronda gala se embolsará 450.000 €, 200.000 € el segundo, 100.000 € el tercero, así hasta el 160º con 400 €.

Es curioso, porque el ciclismo es uno de los pocos deportes multitudinarios, por no decir el único a excepción de los maratones y de los triatlones, que se puede ver de manera gratuita. El resto, como el fútbol, el baloncesto, tenis, etc. se debe pagar. Esa facilidad permite que mucha más gente lo siga. Pero, ¿qué pasaría si por ejemplo el Tour de France cobrara por acceder a la cima de los míticos puertos como el Mont Ventoux o el Alpe D´Huez? ¿Acaso esos aficionados estarían dispuestos a pagar? ¿Conseguiría con ello el Tour más ingresos? O, por el contrario ¿se vaciarían las carreteras de gente permitiendo a los corredores ir más tranquilos sin el miedo de que alguien les pueda empujar? En el equilibrio puede estar la solución.

¿Y qué pasa cuando este espectáculo se ve empañado por la sombra del dopaje? Son varios los ganadores del Tour que han sido desposeídos de sus títulos como consecuencia de la utilización de sustancias prohibidas. Un ejemplo claro es el de Lance Amstrong, quien según Forbes llegó a ingresar en 2010 unos 16 millones de euros, y tras su confesión de haber utilizado sustancias prohibidas, se estima que puede llegar a perder unos 115 millones de euros. El Tour también reclama su parte, y le pide al corredor casi 3 millones de euros, cantidad que recibió por sus victorias.

Pero ¿qué pasa con los seguidores? ¿Acaso les importa que un corredor se haya dopado? O ¿sólo quieren que haya espectáculo y que ese rato que ven pasar a los corredores, o las 3 semanas que dura el Tour lo importante para ellos es tener algo con lo que pasar el tiempo? Y para los corredores, ¿cuál es el precio que están dispuestos a “pagar” por ganar?

En definitiva, si el Tour de Francia es un negocio o una carrera depende de si estás viéndolo en la televisión, o bien si estás en un despacho preocupado por los ingresos generados por tus inversiones, o bien si estás encima de una bici.

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