Un salario mínimo más alto es la medicina que necesitan los EE. UU.

02/12/2013 | Edward Luce – Financial Times

El argumento a favor del crecimiento de los ingresos personales es tanto apremiante como irrefutable.

Imagínese recibir la siguiente nota de su jefe: intente comer dos comidas pequeñas en lugar de una grande, venda sus regalos aún sin abrir en eBay y, por favor, deje de quejarse – eso sólo logra estresarlo más. Esto fue lo que la cadena de hamburguesas McDonald´s sugirió a sus empleados en una nota increíblemente insensible la semana pasada. Lo único que les faltó fue una guarnición de papatas fritas. Bienvenido a la vida de una gran parte de la fuerza laboral estadounidense, donde el pago de la semana laboral de 40 horas no es suficiente para rebasar la línea de pobreza.

Sin embargo, existen fuerzas compensatorias en marcha en muchas ciudades y estados de EEUU. En meses anteriores, los votantes estadounidenses aprobaron salarios mínimos superiores por amplio margen. California y Massachusetts lo subieron a más de $10 la hora – muy superior a los $7,25 del mínimo por hora federal. El mes pasado, una pequeña parte de Seattle, que incluye el aeropuerto principal de la ciudad, votó por un mínimo de $15 la hora. La ciudad de Washington va en camino a sobrepasar la tasa de $12,50 la hora en las próximas semanas. Y el presidente Barack Obama dijo la semana pasada que apoyaría la legislación para elevar el nivel federal a $10,10 la hora y posteriormente unirlo a la inflación.

Por primera vez en una generación, compañías como las minoristas generales Walmart y McDonald´s se encuentran bajo una presión real para pagar mejores salarios. Los argumentos a favor de un salario mínimo significativamente superior en EEUU son sólidos. En primer lugar, inyectaría un estímulo muy necesario a la anémica recuperación, sin requerir ni un dólar del dinero de los contribuyentes. La política hace esto último imposible. En efecto, el gasto público en cupones de alimentos y prestaciones de desempleo a largo plazo va a caer drásticamente al comienzo de 2014, lo cual debilitará la recuperación en la demanda del consumidor estadounidense (cuanto menores son los ingresos, más rápidamente se gastan).

El argumento económico también es sólido. Con la excepción de Seattle, que podría poner a prueba los límites superiores de lo que los empleadores pueden soportar, un salario mínimo superior no debe provocar un mayor desempleo. Abundantes investigaciones muestran que un aumento razonable impulsa la lealtad del empleado, lo cual reduce la rotación de la nómina y mejora el balance final de la empresa. Además, impulsa el gasto de los consumidores locales, lo cual aumenta los ingresos de los negocios. Países como Australia, que tiene un salario mínimo de $15 la hora – aproximadamente el doble que el nivel de EEUU – tienen menores tasas de desempleo.

En segundo lugar, el pleno empleo no se espera que eleve, ni siquiera que garantice, los ingresos de los trabajadores de bajos ingresos. Visto en retrospectiva, el auge de los años 1990 con Bill Clinton parece cada vez más un pequeño período en el valor de ingresos decrecientes para las capas media e inferior de la fuerza laboral de una generación. Exactamente la mitad de los empleados estadounidenses ganan $26.000 o menos al año. Si los salarios se hubieran mantenido a la par del aumento de la productividad en los anteriores 30 años, esa cifra ahora sería de casi $40.000 al año.

La “market clearing rate” (tasa de equilibrio del mercado) – el punto en que la oferta cumple con la demanda – para una gran parte de la fuerza laboral se encuentra en, o próxima a, la línea de pobreza. El manejo del inventario “justo a tiempo” se ha extendido hasta las nóminas “justo a tiempo”. En muchos sectores como restaurantes, minoristas y otros sectores precarios, donde se crea el grueso de los nuevos empleos, las horas de trabajo por empleado suben y bajan según los cambios a corto plazo en la demanda. Esto transfiere el riesgo de la volatilidad en el ciclo económico del accionista al empleado.

En tercer lugar, la Reserva Federal de EEUU podría no estar tan dispuesta a ejecutar una política monetaria acomodaticia para el ciclo económico durante mucho tiempo, como lo ha hecho desde los 1990. Esta nueva ortodoxia sugiere que la Fed debe estar preparada para endurecer sus políticas incluso antes de que la inflación de los precios de consumo suba demasiado si las burbujas de activos comienzan a inflarse. Esto es una mala noticia para los trabajadores de bajos ingresos, que se beneficiaron de la disposición de la Fed bajo el mando de Alan Greenspan de mantener las tasas bajas durante la expansión del ciclo económico en los 1990 y posteriormente. No es muy probable que la política monetaria cubra muy profundamente ni por tanto tiempo la recuperación del mercado laboral como sucedió anteriormente. Una marea alta ya no levanta todos los barcos.

El argumento a favor de salarios superiores es casi irrefutable. Sin embargo, los grupos de activistas se hacen muy poco favor al intentar mostrar los bajos salarios como malignas creaciones de compañías específicas como Walmart y McDonald´s. El ayuntamiento de Washington aprobó recientemente una ley destinada a elevar el salario mínimo únicamente para los empleados de Walmart a $12 la hora mientras mantiene la tasa de $8,25 para otros minoristas como Target. Esto puede satisfacer a los sindicatos, que tienen razones para odiar a la multinacional con sede en Bentonville, pero no logrará incrementar los ingresos de forma general. Walmart tuvo unas ganancias de $17 mil millones el año pasado con ingresos de $469 mil millones – un margen del 3 por ciento. Si se viera forzada a pagarle más a sus empleados mientras sus rivales estuvieran exentos de lo mismo, muy pronto comenzaría a perder empleos. Sólo un mínimo general tiene sentido económicamente. Vincent Gray, el alcalde de Washington, astutamente vetó la ley.

Probablemente el próximo año sea el momento de la verdad para la economía. El impacto contractivo de los pasados tres años de recortes al presupuesto federal está próximo a esfumarse. Y la Fed seguramente comenzará a estrechar su programa de expansión cuantitativa – posiblemente a partir de la próxima semana. ¿Puede finalmente EEUU experimentar crecimiento equitativo en 2014? ¿O estamos estancados en la irritantemente denominada “nueva normalidad?”

Nadie sabe la respuesta. Pero sin el crecimiento de los ingresos personales, no puede haber una recuperación autosustentable. Tanto votantes republicanos como demócratas apoyan los salarios mínimos superiores por amplio margen, según las encuestas de opinión. Sus instintos son impecables. Casi toda la evidencia los apoya.

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