Yo no vivo del rock, el rock vive de mí

Yo no vivo del rock, el rock vive de mí

19/02/2014 | Jacobo Vázquez

Una de las imágenes más recurrentes de una estrella de rock es su vida llena de glamour y éxito económico. Mansiones, autos de lujo, yates, fiestas interminables y lo que la imaginación permita hacer con el éxito obtenido por las altas ventas de sus discos y las giras mundiales. Por supuesto que estamos hablando de la era pre-internet, donde, como comenta el músico argentino Daniel Melero “poca gente hacía música y mucha gente la compraba”. A partir de la “democratización” de la música, donde gracias a la facilidad para poder grabar y producir canciones desde la comodidad de una habitación, Melero termina diciendo: “Hoy en día mucha gente hace música y poca gente paga por ella”. Ciertamente, hemos llegado al fin de la imagen del rockero millonario.

Actualmente embarcarse en la aventura de formar una banda, lleva consigo el riesgo de invertir tiempo y dinero sin recibir nada a cambio, más aún, de acabar en números rojos. Una nueva banda tendrá que invertir en instrumentos y equipo que hagan sonar sus ideas musicales, pero como en todo, existen calidades y precios. Claro que una guitarra cara no asegura un hit, pero sin duda, ayuda a conseguir una buena calidad de sonido. Por otra parte, los integrantes tendrán que invertir tiempo para crear y ensayar. Quizás un tiempo que podrían invertir en algo más rentable como unas horas extras en el trabajo o estudiar un post-grado que a la larga permita una mejor situación laboral.

Ahora bien, en el supuesto que el proceso de creación del grupo vaya viento en popa, habrá que buscar espacios para difundir su música. En épocas pasadas, la única opción para una banda era que con mucha suerte alguien tocara una de sus canciones en la radio, y de ahí a esperar la respuesta de los radioescuchas. Hoy simplemente se suben las canciones a Soundcloud o Youtube y listo. La desventaja es que esas canciones quedarán al lado de otras miles y correrán el riesgo de diluirse en el mar de alternativas de los tiempos modernos. Por ejemplo; Soundcloud tiene 20 millones de usuarios mientras Youtube en enero de 2012 reportaba el visionado de 4 mil millones de vídeos al día.

Otro aspecto importante son las presentaciones en vivo, donde las bandas tendrán que invertir en el transporte del equipo al lugar del evento, que en el mejor de los casos recibirán un porcentaje de la entrada pero en contraste quizás tengan que vender ellos mismos boletos o pagar por el servicio del ingeniero de sonido del lugar. David Byrne comenta en su libro How Music Works sobre este punto; “Cuando escuché que las bandas de hecho tienen que pagar por tocar en ciertos clubes, supe que las cosas se habían pervertido de una forma terrible. El desesperado deseo innato de crear y actuar había sido explotado más que apoyado. Es como tomar una necesidad básica del ser humano como querer amar y ser amado, y encontrar una forma de sacar dinero de ello. Algo muy enfermo. El signo de los tiempos que corren. La década del Yo-primero”.

La imagen del rockero glamouroso se ha transformado en el profesionista que es músico, y que depende de su trabajo para poder satisfacer sus necesidades de creación artística. Ejemplos hay muchos, los integrantes de la banda española Svper (antes Pegasvs), durante una entrevista realizada después de su actuación en el festival “Vive Latino” que se realiza en la capital de México, se les preguntó sobre posibles conciertos después del festival, ellos simplemente respondieron “No, qué va, si nos tenemos que volver a España, nuestros jefes sólo nos dieron unos días de permiso para poder venir a México”. Joaquín Pascual (Surfin Bichos, Mercromina, Travolta) trabaja como maestro de música en una escuela en Albacete. Teresa Iturioz (Single) es maestra de Cartografía, y la lista sigue… Quizás no tienen las mansiones, ni los autos de lujo, pero si algo más importante: la libertad de creación. Mientras que la lista de artistas que viven del rock disminuye, la lista de los que alimentan al rock va en aumento. El signo de los tiempos que corren.

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