Yo prefiero nuestro Seat Ibiza

Yo prefiero nuestro Seat Ibiza

23/06/2014 | FXM – Hugo Vázquez

Esto dijo mi hijo cuando le preguntamos si preferiría viajar como un rey tipo Shrek o viajar como solemos hacerlo ahora nosotros. Porque, aunque nuestro coche es uno de gama económica, cuenta con reproductor de música, calefacción y aire acondicionado, cristales que suben y bajan, y las calles y carreteras sobre las que circulamos están asfaltadas; y todas estas comodidades no las tiene el carruaje de rey de Shrek, ni ningún rico anterior al siglo XX las tuvo.

Esta comparación no es original, suelen hacerla en las escuelas de economía, y sirve para poner en contexto el progreso de la humanidad, la acumulación y distribución de la riqueza y el resultado de la combinación de estos en el bienestar de los seres humanos.

En este mismo sentido, el mundo académico de la economía está inmerso en un debate desatado por el economista francés Thomas Piketty con su libro “Capital en el siglo XXI”, el cual analiza cómo ha evolucionado la concentración de la riqueza y la desigualdad en veinte países durante los últimos trescientos años, y las perspectivas e implicaciones para nuestro futuro inmediato.

Tendríamos que mirar hacia atrás varios miles de años para encontrar a una humanidad en la que no existiera desigualdad ni concentración de la riqueza en pocas manos; al parecer fue casi inevitable que al formar comunidades estables la humanidad comenzara a concentrar primero el poder y luego la riqueza que iba acumulando.

Sin entrar en cifras o porcentajes de distribución de la riqueza sí podemos asegurar que las condiciones de bienestar de todos los seres humanos que vivieron antes del siglo XIX eran similares en cuestiones como educación, sanidad, nutrición y vivienda.

Porque independientemente de cuan ricos fueran esos ricos de entonces los avances tecnológicos eran limitados; así que durante miles de años el contar con un médico y medicinas como a las que estamos acostumbrados hoy en día era impensable. En cuanto a alimentación la humanidad estuvo limitada a los productos locales y de temporada hasta la invención de la refrigeración; y sobre la vivienda, independientemente de su tamaño y material de construcción, para casi todos resultaban casi igual de frías en invierno y cálidas en verano.

Junto con los avances tecnológicos también ha habido cambios o avances en cuanto a la idea que se tiene de la humanidad como un todo, siendo prevalente ahora, por lo menos en las leyes, el principio de que todos somos iguales, sin que tengan primacía el sexo, la raza o la religión de un ser humano sobre otro ser humano.

El académico y premio Nobel de Economía Amartya Sen ha comentado que, a pesar de las polémicas, las conclusiones a las que llega Pikkety sobre la acelerada tendencia actual de acumulación de la riqueza son ciertas (y así lo confirman datos de la OCDE recién publicados).

Con respecto a las consecuencias de la desigualdad comenta el Dr. Sen que depende del tipo de ésta y del régimen político en que ocurra para poder saber si es más o menos grave, ya que no es lo mismo vivir en una democracia y tener al mismo tiempo altos niveles de analfabetismo y falta de cobertura médica (como ocurre en India), que tener una cobertura médica y alfabetismo del 100% y vivir en régimen no democrático (como en China o Cuba).

Si bien es cierto que la desigualdad es producto de las distintas capacidades y habilidades de los seres humanos, y está bien que quien aporte o produzca más conocimiento o bienes materiales reciba más ingresos monetarios, lo que realmente es importante es el bienestar de la mayoría de la población, y que quienes por la razón que sea estén en la parte baja de la escala económica por lo menos cuenten con cobertura médica y alimentación básica (y tengan la posibilidad de recibir educación gratuita para poder mejorar su situación económica).

La desigualdad puede y debe ser el motor que impulse la superación y mejora de las condiciones de bienestar de la humanidad en general, quizás no durante la misma generación, que todos los padres soñamos con que nuestros hijos vivan mejor que nosotros… Y si ahora viajamos en un Seat espero que mis hijos lo hagan en un Volkswagen y mis nietos en un Audi.

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